La amistad produce bienestar emocional


Es importante descubrir cuáles son las claves de la amistad para construir lazos enriquecedores con los demás y conocer gente que nos aporte algo positivo.
por Maite Nicuesa Guelbenzu


La intimidad remite a la interioridad de una persona con diferentes capas y estratos de conocimiento para mostrar al prójimo en el contacto directo o tecnológico. Existen grados y tipos de relaciones establecidas en función de la confianza. Es imposible ser amigo íntimo de muchas personas. Cultivar una relación implica dedicación en forma de acciones y gestos. La confianza es un regalo desinteresado fundado en la sinceridad.
En el mundo interior está lo más valioso; el amor invita a la generosidad y a la reciprocidad. La compañía protege del frío que provoca la soledad. La familia es un núcleo sólido que aporta estabilidad y equilibrio. La alegría aumenta cuando se comparte en grupo y la tristeza disminuye mediante el consuelo.
Las emociones están vinculadas con la intimidad. La persona exterioriza más fácilmente los pensamientos que los sentimientos. Mostrar el yo interior produce pudor, especialmente entre desconocidos. Mostrar sentimientos no es un signo de debilidad: es imposible vivir al margen del significado de las emociones que ofrecen información sobre uno mismo.

El conocimiento de las emociones
Mediante la tristeza, la persona sabe que algo le duele, mediante la alegría descubre que existe un bien que es una causa de motivación, mediante la ira siente rabia dentro por alguna causa que hiere. A través de la desesperación, la persona experimenta un agotamiento emocional permanente e insoportable. Por la envidia, se entristece de un bien que le sucede a otro mientras que en la generosidad se da de forma desinteresada a los demás.
El auge de la inteligencia emocional muestra la importancia que tiene aprender a conocerse a uno mismo para poder empatizar posteriormente con los demás. Aprender a comunicarse de forma asertiva es fundamental en una sociedad con tendencia individualista.

Los matices de las relaciones
El mundo de los sentimientos no está determinado por leyes racionales y objetivas, aunque a posteriori el ser humano pueda reflexionar sobre aquello que siente. No es fácil determinar qué es lo correcto. Dónde está el límite, por ejemplo, entre la paciencia y la impaciencia. O entre la esperanza y la desesperación. Cuánto tiempo debe esperarse a una persona o cuántas oportunidades conviene dar al otro. ¿Dónde está el final del amor? El límite está en uno mismo; es decir, la paciencia es fundamental en la vida pero deja de serlo cuando esperar algo que no llega se convierte en una limitación. Estar encadenado a una esperanza imposible impide disfrutar del presente y el ahora.
En ese instante, ha llegado el momento de cambiar de rumbo, mirar hacia un nuevo horizonte de futuro y abrir nuevas puertas para alcanzar otras metas más realistas y, por tanto, más valiosas.
Las personas protagonizamos desencuentrosy enfados que afortunadamente pueden solucionarse mediante el perdón y mediante un nuevo encuentro que borra un mal sabor de boca anterior que tal vez produjo rabia o rencor. Sin embargo, más allá de la buena voluntad y las promesas, no siempre es posible aunar intereses, inquietudes y prioridades. Es necesario ceder por ambas partes, mostrar interés en conocer al otro y dejarse conocer, empatizar e ir más allá de uno mismo creando un espacio común.

El regalo de la amistad
Los desencuentros producen tristeza interna y decepción, puesto que la expectativa del sujeto no se corresponde con la cadena real de acontecimientos. La motivación es fundamental para superar cualquier decepción, ya que la vida no ofrece resultados a corto plazo. Por este motivo, es fundamental perseverar y luchar cuando se tiene fe en uno mismo y en un fin determinado.
Superar desencuentros hace más fuerte una relación, como pone de manifiesto la superación de una crisis personal. Además, la tristeza también forma parte de la vida y es imposible huir de ella siempre, porque no todo está al alcance de la voluntad. Por ejemplo, la muerte, la enfermedad o las catástrofes naturales.
El ser humano aspira a la plenitud mediante un reto: aprender a vivir poniéndose más en el lugar del prójimo. Escuchar. Darse cuenta de que no siempre tiene razón. Asumir que existen diferentes puntos de vista y que cada persona observa la realidad desde su perspectiva. Aceptar la diferencia como punto de encuentro.
La empatía es el único medio para poder superar un desencuentro con otro ser humano, puesto que al amor no le es posible la indiferencia. Merece la pena apostar por las personas, porque si una amistad nace y crece es porque la apuesta ha sido recíproca gracias a un acto de fe.


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