Donde vayas, allá irá tu historia


Aunque se piense lo contrario, cada historia de migración es individual, única e intransferible. Viene cargada de aprendizajes que nos definen e intervenida por los motivos que llevaron a tomar la decisión de migrar. 

Sonia Peña-Czechowicz


Aunque la decisión de migrar aya sido bien pensada o producto de un impulso con grado de necesidad bien sea porque se huye de algo o de alguien o porque se siente atraído por un lugar que, desde lejos, luce perfecto. Hay historias que, vistas desde afuera, lucen exitosas a pesar de que para quien las vivió significaron un fracaso. Por el contrario, hay historias que al primer vistazo, parecería que la persona no pegaba una y, sin embargo, su protagonista las califica de exitosas, ya que esa experiencia le permitió lograr una transformación personal profunda. Lo convirtió en un ser humano más comprensivo, menos severo consigo mismo y con los demás. Y por tanto más empático.
Para algunos el nuevo destino se acerca al Paraíso y, para otros, luce más como el infierno. En esta coyuntura lo crucial es hacer balance: entender que no es el Paraíso pero que tampoco es el infierno; que no nos alejamos de lo peor para entrar en lo mejor o viceversa. Tener la capacidad de darle la justa medida a cada fase migratoria es un ejercicio de mucha utilidad para armar nuestra verdadera historia.
Y si de historias hablamos, comparto una maravillosamente inspiradora que me contó un terapista junguiano. 
A una mujer inglesa le ofrecen el trabajo de sus sueños en los Estados Unidos. Lo discutieron en familia y decidieron tomar la oportunidad. Su paquete incluía residencia, colegio para sus hijos, ayuda doméstica y hasta la búsqueda de trabajo para su esposo. Llegó con todo listo. Su trabajo era altamente apreciado. A su esposo le gustaba mucho su nuevo empleo y sus hijos se adaptaron bien al colegio. Sin embargo, muy adentro, ella sentía que algo estaba incompleto. Pero como no podía ubicar el malestar lo desechaba. Pasado un tiempo, tuvo un sueño revelador por su simbología. Tocaban a la puerta de su casa para entregar un paquete. Pequeño, delicado, frágil. Ella le pregunta al mensajero qué hay dentro del paquete y él le contesta: su corazón. Después de ese sueño, ella por fin se sintió en casa. Si bien, aparentemente, todas las piezas del rompecabezas encajaban ‘perfectamente’ a ella algo le faltaba. Su ‘corazón’ todavía estaba en su país. 
Para mí, esta historia tiene un valor inmenso. Porque habla de lo gradual de los procesos. De que todo puede lucir perfecto y en su sitio pero algo nos grita que no es así. Hablando de mi caso en particular, en este momento, todavía no sé cuál será mi destino final. Sin embargo, anhelo que, donde quiera que esté, mi corazón llegue aunque tenga que esperarlo por un rato.
Escribiendo este artículo me vino a la mente una campaña publicitaria que me impactó. Es de la Oficina de Turismo de Colombia. Debido a su historia de guerrilla y narcotráfico, este país tuvo la fama lamentable de ser muy inseguro para visitar. La pieza presenta las bellezas del país y de su gente vistas desde la óptica de un inmigrante que llegó como turista y terminó quedándose a vivir. El slogan es contundente: “El único riesgo es que te quieras quedar”. Este ejemplo publicitario nos habla de atreverse a darle la vuelta a las cosas y convertir la mayor debilidad en una fortaleza. Y de apostar a ganar sabiendo de antemano que no hay garantías.
Emigrar es un tránsito complejo y posible a la vez. Esa es la gran verdad que esconde un inmenso iceberg. La gran buena noticia es que existen herramientas para hacer una mejor travesía. Haciendo uso de tu “Inteligencia Migratoria” podrás estar está más preparado en el aspecto más importante de todos, el emocional. 

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