Identidad y autoestima: actuando para una audiencia

Acerca de la identidad y autoestima, vale la pena compartir este fragmento del libro ¿Me quedo o me voy? Iteligencia Migratoria:
Alguna vez se ha mirado al espejo y se ha preguntado ¿quién soy? Desde luego, usted tiene una maleta llena de identificación. Su hoja de vida menciona los hechos básicos: nombre, fecha de nacimiento, trayectoria profesional; además de todos los roles que juega: para sus padres, es su hijo; para sus hijos, un padre; para su esposa, un marido; para sus vecinos, un ciudadano responsable. Y más allá, muchas historias que forman una autobiografía única.
Dependiendo del rol, siempre actúa para una audiencia, tratando de lucir bien para ellos. Tal vez se pregunte qué pensarán de usted, si tiene un buen carro, si se viste bien… Siente que lo observan y formulan juicios y usted quiere su aprobación. A veces se siente avergonzado, como si hubiera sido sorprendido cometiendo un acto incorrecto; a veces pretende que es un héroe trabajando en exceso.
Muchos hombres hacen depender su identidad y sentido de autoestima de cómo son valorados por los afectos en su vida. De ahí el valor de la reflexión del teólogo inglés Sebastian Moore cuando afirma que es pecado ver la vida a través de los ojos de otro

A propósito de la autoestima, la psicóloga española Cristina Pallares Danti comenta en su blog:

La autoimagen es todas aquellas cualidades, capacidades, formas de pensar, etc., que nos atribuimos a nosotros mismos. La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos, teniendo en cuenta nuestra autoimagen. Nos gustamos o no, nos sentimos listos o tontos, guapos o feos…

Esta autovaloración es muy importante, ya que en función de cómo sea actuaremos de una forma o de otra. Si nuestra autovaloración es positiva, nos pondremos menos trabas porque nos veremos capaces de realizar cualquier cosa, y nuestro desarrollo personal será mucho mayor y positivo. Por el contrario, si nuestra autoestima es baja, nos autolimitamos de forma inconsciente y seremos más propensos al fracaso, porque no nos veremos capaces de hacer nada.

La autoestima se desarrolla poco a poco a lo largo de la vida. Con cada experiencia, con cada etapa, nos aporta nueva información que incorporamos a ese concepto de uno mismo. Con las primeras experiencias de la infancia, en las que descubrimos que somos diferentes a los demás, aprendemos que gustamos a unos y no a otros, vivimos rechazos, y comenzamos a generar una idea sobre lo que valemos para los demás y para nosotros. El hecho de que en el colegio hayamos vivido situaciones de rechazo o acoso, es importante, ya no solo por el dolor que produce una vivencia de esa índole durante esa época, sino por los daños colaterales que nos producirá en el futuro. En función de las experiencias vividas durante la infancia, la adolescencia se vivirá de una u otra manera.
La adolescencia es una etapa crítica en el desarrollo de la autoestima. Durante esa época definimos nuestra identidad y conocemos nuestras posibilidades como seres humanos. Necesitamos sentirnos identificados con iguales (de ahí que los amigos cobren tanta importancia en este período), para sentirnos valiosos y útiles. Pasamos de la dependencia absoluta de nuestros padres, a confiar en nosotros mismos y en nuestros propios recursos. Si durante la infancia se ha forjado una buena autoestima, esta etapa será más sana y fácil, si por el contrario llegamos a ella con una mala autoestima, la adolescencia nos será muy difícil y nos causará muchos desequilibrios.

La autoestima baja se caracteriza por una visión negativa de nosotros mismos, normalmente distorsionada. Las personas con baja autoestima, acostumbran a realizar conductas como:

  • Razonamiento emocional: Cualquier cosa que se siente, es verdad. Por ejemplo: “me siento solo, eso quiere decir que estoy solo, que no tengo amigos”. No, todos nos sentimos solos en alguna ocasión, y eso no quiere decir que no tengamos gente que nos quiere a nuestro alrededor.
  • Lecturas de pensamiento: Suponemos que no gustamos a los demás, que no les interesamos, que piensan mal de nosotros… sin ningún fundamento. Si no tenemos pruebas fiables de ello, no vayamos pensando eso de antemano, y de todas formas, si fuera verdad ¿qué pasa? Nada. Tenemos que asumir que no gustaremos a todo el mundo.
  • Personalización: Pensamos que cualquier cosa negativa va con nosotros y nos comparamos de forma negativa con los demás. Por ejemplo: alguien tiene un mal  día, rápidamente pensamos que es nuestra culpa y que algo hemos hecho.
  • Autoacusación: Nos creemos culpables de todo. Cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor es nuestra culpa y nos responsabilizamos de ello. ¡Cuidado! Porque es muy fácil aprovecharse de este tipo de conductas para rehuir responsabilidades. Normal, ¿si alguien se autoimpone esa culpa porque me la voy a poner yo?
  • Pensamiento polarizado: Pensamientos extremos, o blanco o negro, no existe el gris. O me quiere o me odia. O lo hago bien o mal. No existen los puntos intermedios.
  • Designación global: Se utilizan absolutos para describirse a uno mismo, en lugar de términos para designar el momento actual. Por ejemplo: haces algo mal y dices “¡Qué torpe soy!” en lugar de” ¡Qué torpe!”. Parece una tontería pero no lo es. Por un solo momento no puedes describirte en general como una persona torpe.
  • Sobregeneralización: Es un poco parecido al punto anterior. A partir de un acontecimiento aislado se generaliza. Por ejemplo: Si fracasamos en algún momento en algo muy concreto, desde ese momento pasaremos a “soy un fracasado/a”. Interiorizas que a partir de ahí fracasarás en cualquier cosa que hagas, y probablemente sucederá así, porque la actitud con la que harás las cosas te predispondrá al fracaso.
¿Te has visto reflejado? Es probable que en algunos puntos sí, pero es normal, todos alguna vez nos hemos sentido de esta forma. El problema aparece cuando te has identificado en todos o casi todos los puntos. Tener la autoestima baja, ya hemos visto que no es cosa de broma, puede influir en nuestra vida de muchas formas, y ninguna positiva. Veamos algunos Tips para que la podamos mejorar:

  • Convierte lo negativo en positivo: Por suerte nosotros podemos controlar nuestros pensamientos, así que cuando aparezca un pensamiento derrotista y destructivo… ¡frénalo y conviértelo! Ejemplo: “No voy a poder hacerlo, soy muy torpe” –> “Si me lo propongo puedo hacer cualquier cosa, y si no sale bien, no pasa nada”
  • No generalices: Por una cosa (o dos o tres o cuatro) que hagamos mal no lo generalices a todos los ámbitos de la vida. Puede que haya cosas que no nos salgan bien (como le pasa a todo el mundo), pero eso no significa que nada a partir de ese momento nos vaya a salir bien. Asumir fracasos es tan importante como saber disfrutar de los éxitos, nos hacen crecer como personas.
  • Centra tu atención en aquello que haces bien o que es positivo en tu vida: una persona con la autoestima baja solo es capaz de ver aquello que es negativo en su vida o lo que no hace bien. En ocasiones estamos tan concentrados viendo lo negativo, que somos incapaces de ver todo aquello que sí hacemos bien, o que sí funciona en nuestra vida. Lo que está claro, es que lo que no queramos ver no lo veremos.  Abramos nuestro campo de visión, descubriremos cosas que siempre han estado ahí y no habíamos visto antes.
  • No te compares y acéptate: Aprendamos a no compararos constantemente con los demás. Siempre habrá gente que es mejor y gente que es peor, pero nuestro amor propio no puede modularse en función de cómo son los demás. Todos somos diferentes. Lo que tenemos que hacer, es asumir cómo somos y querernos por ello. Así que si te sorprendes comparándote con alguien, frena ese pensamiento, porque no te traerá nada bueno (ni cuando la comparación es a favor tuyo, porque tarde o temprano, la comparación se girará en contra).
  • Confía en ti: Confía en tus opiniones, en tus criterios y en todas tus actuaciones. Sé coherente contigo mismo. Es importante que aprendamos a actuar sin estar continuamente buscando la aprobación de los demás. La aprobación más importante que necesitamos, es la nuestra.
  • Esfuérzate para mejorar aquello que no te gusta: Si realmente estás tan insatisfecho con aspectos de ti o de tu vida, pues esfuérzate por cambiarlos o mejorarlos. Plantéate objetivos viables y lucha para que se cumplan. Lo que no podemos es resignarnos y quejarnos para siempre. Con esfuerzo conseguiremos más de lo que nosotros creemos. 
En esta vida todo cuesta esfuerzo y dedicación, pero…como una vez me dijeron… si las cosas fueran fáciles ¡no tendría tanta gracia hacerlas!, ¿no?


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