Yo también me iría si ya no me hubiera ido
En el 2000, o lo más probable es que haya sido en el 2002, tomé la profética decisión de comprar un boleto sin retorno al estado de la Florida. En aquel tiempo me movían dos razones que hoy juzgo con desconfianza y admiración: me había quedado sin empleo, pero, por sobre todas las cosas, había macerado la sospecha de que todo se había ido al demonio en este país. Por Salvador Fleján La ciudad que me recibió no era la misma que tanto admiré en Miami Vice. Recuerdo que por aquella época el estado de mis finanzas era bastante precario. Tenía meses sin trabajar y mis ahorros eran una lejana reminiscencia que yo trataba de paliar cada quincena asaltando la nevera de la casa paterna, a la que siempre llegaba sigilosamente a medianoche, evitando así que mis padres se preocuparan por mi inexistente adicción al crack. Trataba, más bien, de evitarles el dolor de enterarse de que tenían un hijo viviendo en la pobreza más absoluta. Sólo pude darme cuenta de cuán grave era mi inop...