¿Turista o inmigrante? (1)


 por Harry Czechowicz y Sonia Peña Czechowicz

A fin de desarrollar este punto tan importante para quienes estén evaluando la posibilidad de dejar su país, vale la pena establecer una comparación entre el ser turista o ser inmigrante y el ser novio/a  o ser esposo/a.


A diferencia del noviazgo (turista), el matrimonio (Inmigrante) implica preparación personal, negociación, aceptación de cambios en el otro, adversidad y desarrollo. Cuando estos cambios no suceden, los novios -o turistas en el amor- seguirán haciendo travesías de descanso en otras relaciones, donde siempre puedan ser ingenuamente jóvenes.
La palabra vacación proviene del latín vacatio y tiene que ver con la capacidad de vaciarse de uno mismo y de las presiones cotidianas. El ocio en casa y el turismo, por ejemplo, son las opciones más usadas para desconectarse, reponer energías y descansar, al menos psicológica y emocionalmente porque con cierta frecuencia se necesita tiempo para descansar físicamente del agotamiento de una agenda turística sobrecargada. 
Suele suceder que las vacaciones resultan tan gratificantes que la gente adquiere propiedades para visitar esos lugares con regularidad. Inclusive tiene la ilusión de que esa propiedad le brinda una especie de “pertenencia” al lugar y que podría contemplar la posibilidad de mudarse allí porque ya conoce ese entorno. Pero, ¡atención!, conocer un lugar agradable y visitarlo con regularidad NO TIENE RELACIÓN alguna con el hecho de ser inmigrante. Puede llegar a ser confuso, más aún si la persona tiene amigos que también compran inmuebles cercanos y hablan con tal familiaridad que olvidan su condición de turistas y comienzan a sentirse residentes. Muchos inmigrantes creen que el hecho de tener propiedades los acredita mágicamente como residentes y, si no toman las previsiones necesarias terminan como ilegales. La propiedad no otorga legitimación como inmigrantes. Y tampoco el inmigrante pasa su tiempo en forma tan agradable como un turista. Estas personas, presas de la confusión, no imaginan la magnitud de las dificultades de ser inmigrantes, ni las pérdidas o los duelos asociados. 

Continuará...

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