Festividades, nostalgia y perdón


Las tres palabras que titulan este artículo están regidas por el corazón, no por el cerebro.
Cuando ocurren migraciones y en el transcurso de ese período hay ausencias que coinciden con celebraciones, como navidades, año nuevo, cumpleaños, nacimientos y aniversarios de cualquier índole festiva, por un lado, y por el otro, la lejanía que hay cuando familiares se enferman de algo serio o existen fallecimientos de algunos de ellos o amigos cercanos, la nostalgia y el dolor que la caracteriza afecta tanto a los que se han ido como a los que han permanecido en su país.

Harry Czechowicz



Recordamos los detalles y las historias compartidas y por más que intentamos establecer contacto a través de la tecnología de la comunicación, nunca es igual. Nunca. Falta ese contacto físico, el del abrazo, el de la cercanía personal, la sonrisa, las lágrimas de felicidad o de añoranza. Se conmemora en el fondo otra fecha de distancia forzada por los factores que empujaron a emigrar.  
Los argumentos del cerebro se empequeñecen ante la fuerza emocional y las nostalgias del corazón y la pregunta que nunca falta es la de cuándo habrá un reencuentro con la duración mínima necesaria para actualizarnos emocionalmente y adaptarnos a los profundos cambios que surgen dentro de cada quien durante el tiempo de ausencia. Las lágrimas que brotan de la ausencia temporal alargada no pueden ser razonadas y las celebraciones que cada quien tiene en el país donde está pierden brillo y significado. Para el emigrante, por añadidura, existe el agravante de estar fuera del 'colectivo' donde están amigos, costumbres, sus muertos esperando su visita anual y un sinfín de sutilezas que brotan de un naciente ubicado en su base de recuerdos emocionales.
Con frecuencia, en el espacio que separa a los que se fueron de los que se quedaron, surge la pregunta del porqué de la distancia. De nuevo, lo emocional tiene la batuta. La nostalgia, los recuerdos y la ausencia de la cercanía física son la obertura, cuerpo y cierre de una sinfonía, de esas que emocionan hasta llorar. Me viene a la cabeza la Oda a la Alegría, de Ludwig Van Beethoven, que sería la adecuada para el reencuentro y me emociona con la esperanza. La otra es La Patética, sin duda. Y triste, definitivamente. Sentimientos de abandono por ambos lados. Culpa en un extremo y cierto resentimiento por el otro, sobre todo si del lado que permaneció existen personas enfermas o ancianos, que aunque sanos, dudan de que haya re-uniones en salud y no sólo en emergencias. Que exista el tiempo para compartir con calma momentos antes de separarse de nuevo, temporal o definitivamente. Siempre es difícil y es un duelo que se reactiva con cada "celebración".
Las celebraciones de alegría o las conmemoraciones de aniversarios son parte de los ritos cuya práctica continua reafirma nuestra identidad y lealtad a lo que creemos y amamos.
Es por esto que necesitamos crear ritos de perdón a nosotros mismos cuando sentimos culpa y resentimiento. El Perdón no es una racionalización. Es, sobre todo, un re-enfoque afectivo de nuestras actividades "emocionales" y sus repercusiones. Por lo general, emociones como culpa, ira, venganza y vergüenza son nuestros enemigos internos más poderosos. Con ellos nos auto-flagelamos y enfermamos en el tiempo. Hay que comenzar, forzosamente, con un proceso personal de crecimiento interno que nos libere de esta forma de castigo. El Perdón hacia los otros es la única vía de sanación y surge de la misma fuente. Del Corazón. Por el dolor que causamos a nuestros afectos y a nosotros mismos en el transcurso del hecho migratorio.

Cabe distinguir a esta altura la diferencia entre lástima y compasión.
La primera ocurre cuando el dolor de otros nos conecta con nuestros temores (muerte, enfermedades, pobreza, indefensión, entre otros). Estamos convencidos que no podemos ni sabemos sacarlos de allí, ni que ellos lo lograrán. Compasión, sin embargo, es cuando el dolor de otros nos conecta con lo mejor de nuestro corazón y respeto a sus capacidades de superar dificultades. Es por esto mismo que los migrantes deben sentir compasión ante sus dificultades. No lástima. La compasión fortalece nuestro espíritu. Ese es el terreno donde el perdón puede crecer porque existe un profundo respeto por nuestros esfuerzos, luchas, caídas y nuevos intentos. La lástima sólo promueve el crecimiento de maleza emocional, parálisis, derrota. Los ritos de comunicación con los seres queridos, a distancia, necesitan de una buena dosis de creatividad, esperanza, información que contenga logros por pequeños que parezcan, el uso de tecnologías que permitan ver imágenes y mandar fotografías, a sabiendas de que falta el contacto central, comprometerse a invitarlos a visitas en tiempos de salud y no reducirlo a emergencias, son herramientas que facilitan y mitigan los duelos de separación. Todas estas consideraciones son, en sí mismas, un proyecto de auto-ayuda y asistencia de valor. Constituyen, al irse cumpliendo, una celebración continua en lugar de un duelo sin valor agregado. Ocasionalmente, brinden un primer sorbo por la salud y fortalezas de aquellos que están lejos, luego por su capacidad de crecimiento y respeto por sus esfuerzos, incluyendo los errores que vienen en cualquier curva de aprendizaje, y al final agradezcan a sus creencias en lo divino, cada uno en su forma, por tener el estado de gracia necesaria para poder entender a su corazón, limitar a su cerebro cuando actúa en contra y celebrar la vida por sí misma.

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