Cuando los hijos se van

Me resulta inevitable pensar en mi mamá al escribir estas líneas, de hecho le leí este post por teléfono antes de publicarlo. También pienso en mis pacientes que han despedido a hijos en estos últimos años. Decirle a los padres “me voy” es un paso importante para un adulto joven que agarra las maletas en busca de nuevos proyectos, autonomía y un lugar en el que las cosas puedan “ser mejores”.
Por Rosario Vásquez




Como es normal, los padres aman a sus hijos y desean lo mejor para ellos. Pero muchas veces “lo mejor para ellos” entra en franco conflicto con “lo mejor para nosotros”.   Muchos padres reciben el proyecto migratorio de un hijo con alegría,  otros con resignación  y la mayoría con un sentimiento ambiguo.  Oscilan entre la alegría esperanzadora por el posible mejor futuro y la tristeza por la distancia y la pérdida del contacto permanente.

Habitualmente los padres de quienes emigran se encuentran en la adultez madura, o iniciando la vejez. Es común que deseen vivir esta etapa con ciertas semejanzas a cómo la vivieron sus propios padres, o incluso previamente han construido una expectativa acerca de esta etapa que no incluía la distancia de los hijos.

A continuación haré una serie de recomendaciones para padres y adultos mayores que se quedan en sus países de origen mientras el hijo (sobrino, ahijado) emprende el proyecto migratorio.

1.- Revisa tus expectativas acerca de esta etapa de tu vida


Es muy posible que esperaras vivir este período de tu vida cerca de tus hijos, con cierto nivel de productividad y lo más saludable que tu cuerpo lo permita… y ante la posible emigración sientas que tus expectativas no se cumplirán. Es importante reconocer que se inicia un duelo individual por un proyecto no cumplido, que necesita ser re-estructurado en una época en la que quizás ya no te esperabas muchos sobresaltos. No separar nuestras expectativas personales de las que tenemos acerca de nuestros hijos, puede conllevar el deseo inconsciente de que ellos realicen nuestros sueños. El incumplimiento de estas expectativas depositadas en el hijo puede ocasionar tristeza o ira. En ambos casos se pueden desencadenar peligrosos reproches en la vida familiar.

2. Escucha sus razones, aquellas evidentes y las superficiales, pero sobretodo las más profundas

Esto implica empezar a ver a tu hijo como un adulto que se cuestiona aspectos de su vida personal como la vida de pareja, las oportunidades de sentirse productivo y el deseo de lograr autonomía frente a la familia de origen en general y frente a ti en particular. Sentirse autónomo es una experiencia valiosa y deseada. Cuando un hijo adulto vislumbra esta posibilidad es lógico que la persiga, y también nos coloca como padres ante la pregunta ¿hemos sabido darle autonomía suficiente?, ¿a partir de ahora, en la distancia, podré dársela?
 
3. Habla de tus sentimientos con tu hijo

Es común que en el inicio del proyecto migratorio de un hijo todo se diluya en hacer papeles, legalizar documentos, apoyar económicamente…  Todo este esfuerzo puede servir como distractor o excusa para no hablar de lo que sentimos: del miedo a perder el vínculo, del miedo a la soledad y el abandono, de la rabia porque las condiciones socioeconómicas juegan en contra de tu proyecto familiar, incluso de vergüenza por empezar a ser más dependiente de lo que quisieras. Hablar de los sentimientos previene discusiones y diferencias por aspectos superficiales. También ayuda en este caso a evitar somatizaciones que movilizan la culpa y los reproches en el sistema familiar, recuerda que lo que no dices con palabras podrías expresarlo a través de síntomas.


4.- Piensa en ti


Visualiza y construye el estilo de vida que te gustaría tener en la siguiente etapa, tomando en cuenta tu estado de salud en general, tu rutina diaria y tu red de apoyo. Podrás tener más claridad de cómo afrontar la próxima etapa si en esta visualización incluyes viajar para visitar a tu hijo, aprender a utilizar la tecnología para comunicarte, recibir sus visitas, mantener una rutina de ejercicios, visitar con más frecuencia a los otros hijos o amigos y todos aquellos aspectos que te permitan salud mental y física.

5.- Activa tu red de apoyo

Coméntalo con las personas que quieres y te quieren. Habla de esto con quienes consideras que deben saberlo. Seguramente sabrás de otros padres que están o han estado en una situación parecida, comparte la experiencia. Toma en cuenta que muchas personas activarán en ti sentimientos contradictorios. Algunos resaltarán la gran oportunidad para tu hijo minimizando tus sentimientos al respecto, otros de manera muy superficial consideraran sólo aspectos materiales como la posibilidad de recibir dinero, viajar, y adquirir cosas. Algunos incluso podrían minusvalorar tus capacidades anticipando que te deprimirás, enfermaras o quedarás relegada al abandono.

Ante esta multiplicidad de miradas es importante tener claridad sobre la que realmente expresa la tuya.  Pronto comprenderás que no todas las personas que te rodean en la actualidad, podrán acompañarte de manera saludable en este proceso.

6.- Presta atención a las somatizaciones

Hablamos con frecuencia de las enfermedades somáticas de los niños como asmas y alergias,  pero tratamos con pudor las somatizaciones del adulto mayor. Los adultos más jovenes, con mucha frecuencia, malinterpretan las somatizaciones y culpabilizan a la persona por no “controlar” estos síntomas (como si fuera tan fácil!) Si tu cuerpo te da señales, es importante atender este “llamado”.

7.- Antes de dar consejos para el hijo que emigra, considera su pertinencia

No faltarán quienes den miles de consejos: lugares qué visitar, formas de manejar el dinero, dónde encontrar ropa al mejor precio… Cosas que se aceptan y valoran con facilidad. Pero hay consejos que, por su forma o contenido, atacan directamente su autonomía. Aconsejar sobre qué trabajo escoger, la ciudad de destino, el curso que se va a realizar o la casa en la que se va a vivir, son temas delicados. Podríamos intentar extender nuestros mecanismos de protección (o de control!) más allá de las fronteras, y las consecuencias pueden ser contraproducentes en la relación. Puede que tengas un tío lejano en el país de destino que podría ofrecer su casa, o un primo con una empresa que podría contratarlo… pero ¿es pertinente?, ¿es un consejo, una orientación o una orden que debe ser cumplida?


8.- ¿Tienes nietos?

Considera las nuevas posibilidades para crear y mantener el vínculo a través de la tecnología.

9.- Este cambio es una oportunidad de autoconocimiento

Es posible que parte de los sentimientos ambivalentes que estás experimentado sea parte de un rasgo de tu identidad: la resistencia al cambio. La manera superficial de entenderlo es interpretarlo como rigidez, sin embargo, quizás de manera más inconsciente, se trate de un temor al cambio que experimentará este hijo o al de uno mismo.

El miedo al fracaso proyectado en el hijo es otro sentimiento que podríamos experimentar. Esto podría ser recurrente en tu relación con tu hijo y se agudiza ante el inminente cambio, ¿temes que no sea capaz de mantener una relación de pareja sana?, ¿que no sea capaz de tener éxito laboral?, ¿dudas acerca de su madurez para afrontar las consecuencias de sus acciones?.

Tanto en un caso como en el otro, es posible, que de manera habitual, mantengas este patrón de relación, que necesita ser revisado, de lo contrario ante la emigración permanecerá y sus consecuencias en la distancia podrían significar alejamiento emocional.


Pienso con amor en mi mamá, mis tías y en los pacientes ya maduros que han visto partir (¡y en ocasiones regresar!) a sus hijos. Pienso que me han enseñado que la relación con los hijos puede ser profunda y duradera tras la emigración, pero que solo es posible enfrentando los miedos y reconociendo el rol en la vida de un hijo.

No creo que sea un proceso indoloro, o cargado sólo de alegría eufórica o sólo de tristeza depresiva. Es un proceso ambiguo, que requiere de la confianza en las decisiones de un hijo adulto. Confianza en el amor sembrado. Confianza en tus propias capacidades para adaptarte al cambio. Esta confianza, acompañadas de amor, permite que la familia siga creciendo.

Fuente: http://contratransferencia.com/2014/11/18/tu-hijo-emigrar-recomendaciones/

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