¿Quién es latino? Parte 2 y final

El mes pasado, el exgobernador de Nuevo México Bill Richardson demostró tener una versión estricta de la identidad política latina, pues le sugirió a ABC Noticias que el Senador Ted Cruz, un cubano-americano republicano conservador de Texas no debería ser “definido como hispano” porque no apoya la reforma migratoria. 
Carlos Lozano, agosto de 2013


Al poco tiempo, Richardson le dijo a Fox News que era un malentendido: “Lo que quería decir es que yo no me considero solamente hispano, y él tampoco debería ser identificado solo como hispano. Somos otras cosas”.
Si hay algo que une a todos los hispanos es que no creen que comparten una cultura común. Sí, la idea de una prueba que decida de manera contundente la identidad latina parece muy extraña. Pero las palabras de Richardson dejan claro que, en el mundo político, esa identidad ha evolucionado de una amplia categoría étnica y cultural a suponer cierta sensibilidad liberal.
Para los republicanos, el reto parece simple. En marzo, el presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, en una lista de los problemas del partido después de las elecciones, resaltó la necesidad de promover a los líderes latinos en el partido, desarrollar buenas relaciones con los medios latinos y crear un mensaje sobre el tema de la inmigración que tome en cuenta la “singular perspectiva de la comunidad hispana”. El senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, ha descrito la situación del partido de manera más brusca: “Como partido, estamos en caída libre demográfica”, dijo en el programa de televisión Meet the Press la semana pasada, “y la única manera en que podemos recuperar nuestra imagen en la comunidad hispana, creo, es aprobando una reforma migratoria completa”.
Arreglar la inmigración y ganarse el amor de los hispanos. Así de simple, ¿no?
“El gran problema del partido republicano con los hispanos no es inmigración”, dice Bendixen. “El problema es que los votantes hispanos están más a la izquierda que ningún otro grupo. Creen que el Gobierno debe jugar un fuerte papel en la economía y esencialmente en todos los aspectos de la vida, como seguro médico nacional, servicios sociales y creación de empleo”.
En el mundo político, la identidad latina ha evolucionado y supone una cierta sensibilidad liberal
En una encuesta de 2011, Pew concluyó que la reforma migratoria no era el tema principal para los votantes latinos. Cuando les preguntaron a los entrevistados qué temas les parecían “extremadamente importantes”, los latinos escogieron educación, economía, el sistema de salud e incluso el déficit del presupuesto por encima de la inmigración. No tan distintos al resto de Estados Unidos.
Hace casi una década, el politólogo de Harvard Samuel Huntington escribió un mordaz ensayo de 6.000 palabras en la revista Foreign Policy argumentando que los inmigrantes latinos ponían en peligro la integridad cultural y política de Estados Unidos. Titulado El Reto Hispano, el artículo inspiró incontables respuestas en los medios nacionales e internacionales, acusaciones de racismo y muchas críticas de los think tanks de Washington. Casi una década más tarde, todavía lo atacan en debates sobre inmigración.
Confieso: yo ayudé a que ese artículo existiera. Como editor de Foreign Policy en esa época, yo trabajé con Huntington durante varias semanas preparando el ensayo para publicarlo. En las muchas conversaciones que tuvimos por teléfono e email, nunca me preguntó si el artículo me ofendía, y yo nunca le pregunté si le incomodaba que un tipo llamado Carlos estuviera editando su escrito.
En retrospectiva, me pregunto por qué no me sentí más ofendido por sus argumentos. Parte de eso es el trabajo de editor; a través de los años probablemente he trabajado con cientos de ensayos con los que no estoy de acuerdo. Pero tal vez yo no sentía realmente que Huntington estuviera escribiendo sobre mí. Yo no me identificaba con esa etiqueta.
Claro, yo siempre selecciono la opción de “origen hispano” en formularios oficiales —hacerlo me parece menos equivocado que no hacerlo— pero otros aspectos de mi identidad, así sea mi lugar de nacimiento, mi religión, mi alma máter, mi profesión, o mi papel de padre, esposo, hijo o hermano han sido más importantes para mí en otros momentos. Una identidad panlatina es demasiado amplia para que se sienta esencial. Yo leo novelistas latinoamericanos y les hablo a mis hijos en español, pero como diría Richardson, también soy muchas otras cosas.
Además, hay otras personas que se dedican a la política identitaria por mí. Soy hispano cuando los formularios del censo y los certificados de nacimiento de mis hijos me hacen escoger. Soy hispano cuando llega correo de propaganda a mi casa proclamando “special offers” para mi esposa irlandesa-americana, y “ofertas especiales” para mí. Soy hispano cuando los testigos de Jehová vienen a llamar a la puerta de mi casa con un discurso de salvación preparado en español. Soy hispano en Estados Unidos porque gente a la que no conozco ha decidido que eso es lo que soy.
Hay un momento, sin embargo, en el cual asumir la etiqueta de latino se siente correcto, hasta urgente. Cuando los debates políticos sobre la inmigración se ponen feos, cuando hablan de autodeportación y leyes que permiten usar el perfil racial para hacer detenciones, cuando hablan de bebés anclas, las distinciones y sutilezas parecen disiparse.
“Cuando uno de nosotros está siendo atacado, nos identificamos, nos juntamos”, dice Murguia. “Cuando uno de nosotros es señalado por su acento, su color de piel, nuestro pueblo se une por la justicia. La gente dice ‘ese podría ser yo”.
Por eso es que el sentimiento anti-latino que ha aparecido en algunos rincones de la política estadounidense es contraproducente. Crea unidad entre la gente a la que está dirigida, que de otra manera no se verían como parte del mismo grupo. Refuerza, incluso crea, la identidad que está tratando de debilitar.
“El significado de la hispanidad no es identificable por cultura o idioma, si no por experiencias de inclusión o exclusión, por oportunidades de educación, según si pueden llegar a vivir el sueño americano” explica Tienda, de Princeton. “¿Son una clase aparte, o van a ser parte de todas las clases?”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Washington Post
Traducción: Laura Jaramillo
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/25/actualidad/1377383271_522248.html

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