Las emociones y el proceso migratorio

La presencia de lo impredecible, la incertidumbre y la falta de control son disparadores automáticos de cuadros de ansiedad; cuadro que puede presentarse ya sea si es inmigrante o ha decidido permanecer en su país y esté sufriendo condiciones adversas a las que cree haberse acostumbrado.
Harry Czechowicz

Tomado del libro: Inteligencia Migratoria. ¿Me quedo o me voy? Ediciones B, Venezuela, 2013



La ansiedad se genera en el espacio que existe entre las cosas tal como están y tal como nos gustaría que estuvieran. Si algo sale mal, o pensamos que saldrá mal, nuestro cuerpo y mente se unen para enfrentar ese hecho. Así, los pensamientos son secuestrados por las preocupaciones, dando comienzo a un proceso de aprendizaje para superarlas o paralizarse.

Una E-moción es una energía puesta en movimiento. Puede ser positiva, como la alegría, el entusiasmo, el optimismo o, al contrario, negativa, como la rabia, la tristeza o la desesperanza. La realidad es que en la mayoría de las situaciones estas energías se presentan simultáneamente, produciéndose una confusión y ambivalencia que tienden a paralizar al individuo pues cada una de las emociones está basada en la interpretación y el razonamiento que la sustenta y justifica.

Esta ambivalencia no es exclusiva del hecho migratorio. Nos acompaña durante toda la vida: desde que somos niños hasta que somos ancianos. Una ambivalencia es la coexistencia simultánea de energías opuestas en permanente confrontación, confrontación que ha sido tema de discusión filosófica, teológica, sociológica y hasta migratoria, entre otras.

La ansiedad
Sin tratar de entrar en los aspectos más complejos de la neurociencia que explica la bioquímica de las emociones, se puede decir que la ansiedad y las hormonas del stress afectan al cuerpo mostrando efectos palpables en la tensión arterial y el sistema inmunológico, provocando desgaste continuo y enfermedades.

La ansiedad afecta a las personas, sean éstas niños, adolescentes, adultos o ancianos, en sus actividades normales tales como exámenes, presentaciones, situaciones inciertas que necesitan resolverse con la toma de acciones, así como en un sinfín de circunstancias cotidianas.
Sin embargo, desde otra perspectiva, la ansiedad también puede ser una fuerza motivadora para buscar soluciones, bien sea en la vida cotidiana o en un proceso migratorio.

La ansiedad no es positiva o negativa; es la reacción que genera lo que la transforma en ayuda o en peligro. En esencia, la ansiedad es una respuesta a un estímulo que se percibe como amenazante o peligroso. La presencia de lo impredecible, la incertidumbre y la falta de control son disparadores automáticos de cuadros de ansiedad; cuadro que puede presentarse ya sea si es inmigrante o ha decidido permanecer en su país y esté sufriendo condiciones adversas a las que cree haberse acostumbrado.

La ansiedad es un precio a pagar por tener un talento que genera expectativas permanentes de desempeño. En resumen, puede decirse que la ansiedad se genera en el espacio que existe entre las cosas tal como están y tal como nos gustaría que estuvieran. Si algo sale mal, o pensamos que saldrá mal, nuestro cuerpo y mente se unen para enfrentar ese hecho. Así, los pensamientos son secuestrados por las preocupaciones, dando comienzo a un proceso de aprendizaje para superarlas o paralizarse.

Es importante destacar que la ansiedad no es exclusiva de los individuos; afecta por igual a culturas, instituciones, oficinas, gobiernos, etc. Cuando la ansiedad se vuelve incontrolable e interesa en forma evidente la capacidad de tomar decisiones y la salud, es perentoria la atención especializada para prevenir males mayores; afortunadamente, existen muchas técnicas y ejercicios prácticos para resolver ataques de ansiedad.

Recuerde: la tranquilidad es producto de un manejo inteligente e informado de las expectativas, lo que aplica pertinentemente si se está ante la decisión de emigrar.

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