Duelo migratorio: entre el desarraigo y la adaptación

Tomar la decisión de abandonar el país de origen no es fácil. Para ello es necesario estar dispuesto a reinventarse, enfrentar las adversidades y lidiar con las nostalgias y añoranzas
Por Corina Briceño


 Siete meses tiene Mirelis Morales en Bogotá. En marzo de este año preparó sus maletas y partió al país vecino. Todavía se cuestiona a sí misma y se pregunta si hizo lo correcto.
Todos los días extraña su ciudad natal: Caracas. Todos los días quiere regresar. “Creo que aún no asumo el exilio o me niego al desarraigo, no puedo ser indiferente a lo que pasa en Venezuela, me carcome ser un mero espectador”, dice a través de una llamada por Skype.

Mirelis comenzó a leer sobre inteligencia migratoria para darse cuenta de que vivía un proceso natural, un “duelo migratorio” po rel cual atraviesan otras tantas personas que deciden irse de su país de origen. Para lidiar con ello pone en práctica un ejercicio de agradecimiento diario, a través de una cuenta en Instagram en la cual relata su vida como inmigrante.

Allí resalta las experiencias positivas que descubre en el día a día. También escribe en la web inspirulina.com. “He escrito una serie de artículos sobre migración que me han permitido canalizar todo lo que he vivido. Irse no es solo agarrar las maletas y ya. Es un proceso interno que llevas contigo”.

Anabella Mirowski, coach ontológico certificada por Consultora Alas de Venezuela, explica que el duelo migratorio surge por lo que se deja atrás, la familia, los amigos, la cultura y la idiosincrasia. Implica un proceso de reorganización en el cual hay que asimilar una pérdida y adaptarse a un nuevo estilo de vida. “El duelo migratorio es inevitable y es necesario transitarlo. No debe subestimarse, ni obviarse, es un proceso que debe vivirse con consciencia” dice Mirowski.

Con respecto a las etapas del duelo migratorio, la coach explica que los especialistas las identifican de la siguiente manera: “luna de miel”, donde coinciden la sorpresa y la novedad por lo que nos rodea al llegar a un nuevo lugar. Nos ocupan temas como la vivienda, el trabajo, el transporte y los trámites legales, entre otros. Luego viene la etapa de la resistencia, cuando ya estamos instalados y nos toca enfrentar el choque cultural, surge la añoranza por las costumbres, se experimenta el desarraigo y la pérdida del sentido de pertenencia. Es la etapa más fuerte. Después comienza el proceso de integración en la etapa de aceptación y restitución. Hemos comprendido la cultura del país que nos acogió, se produce una reconciliación afectiva y se obtiene mucho aprendizaje de las experiencias.


 

¿Irse o quedarse?

La más reciente encuesta publicada por la empresa Datanálisis en agosto de este año indica que uno de cada 10 venezolanos asegura estar buscando información o realizando trámites para emigrar del país. Según los registros de Datanálisis en los momentos críticos de emigración en los últimos 14 años (2002 y 2004) solo 4% de los ciudadanos admitía estar haciendo algún trámite para irse del país.
Luis Vicente León, director de la firma, asegura que las razones que obligan a los venezolanos a abandonar el país hoy en día son la violencia, la inseguridad personal y la situación política y económica.

Para Ileana García y su esposo uno delos motivos para emigrar fue la aguda escasez de alimentos, sumado a la creciente inflación. México D.F. fue la ciudad que eligieron para comenzar una nueva vida. “Llevo pocos días aquí y cuando fui a un supermercado quedé impresionada con todo lo que compré y lo poco que gasté. No hubiese podido hacer un mercado tan completo en Venezuela con la misma cantidad de dinero. Me impactó y a la vez medio tristeza”.

El psiquiatra Harry Czechowicz, autor del libro “Inteligencia migratoria”, dice que cerca de dos millones de venezolanos están fuera del país, según las cifras que recopilan los organismos internacionales. 

En Venezuela no hay un registro oficial de los saldos migratorios desde el año 2000. La antigua Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI) los publicó durante 56 años, la fuente primaria era la División de Identificación y Extranjería (DIEX).

En su libro, que ha sido editado cinco veces, Czechowicz habla sobre el duelo migratorio y lo que denomina Trastorno Afectivo Migratorio (TAM), una depresión ansiosa generalizada que surge al cambiar de entorno. Luego de experimentarlo encarne propia cuando se fue a Canadá, decidió volver a Venezuela. “No pude ejercer mi profesión como médico y psiquiatra por eso regresé. Al llegar noté que la mayoría de mis pacientes acudían a mi consulta para hablar sobre la migración, entonces fundé el Centro de Capacitación Migratoria”.

Allí, ofrece asesorías y brinda herramientas especializadas basadas en la inteligencia migratoria, para tomar la decisión correcta y facilitar el proceso de emigrar. “Llegar a otro país de forma errática es una mala idea, hay que evaluarlo todo, desde la ciudad elegida hasta la disponibilidad de recursos y la forma de ser de la persona”, aclara.

Todos pasan por el duelo migratorio, dice Czechowicz. El venezolano no está acostumbrado a emigrar por ende, tampoco está preparado para hacerlo. Algunas de sus recomendaciones para enfrentar el duelo migratorio coinciden con las de Mirowski, el emigrante debe comprometerse a comprender la cultura que lo recibe, conocer sus leyes, normas y costumbres, entender que ha llegado a una sociedad que no es mejor ni peor, sino diferente.

Fuente: Diario El Venezolano, Panamá. cbriceno@elvenezolanonews.com.pa

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