La ansiedad no se quita con jabón

Ciertamente, ni la ansiedad ni la incertidumbre se lavan con jabón. Tampoco con frases tan trilladas como "Haz un esfuerzo por cambiar tu actitud, otra gente pasa por peores circunstancias", "Ya pasará", "¿Qué te falta?" y otros jabones y detergentes psicológicos.
Por Harry Czechowicz


Pareciera que el solo hecho de preguntar o comentar alguna preocupación molestara al otro ya que no existen respuestas que resuelvan el asunto.

Volver a Toronto para resolver asuntos migratorios fue un viaje agotador por lo largo y tedioso.
Aun después de llegar y descansar un par de días el cansancio seguía presente, como una segunda piel. Una larga y caliente ducha al llegar alivió la tensión muscular pero descubrí que ese otro cansancio, el producido por capas superpuestas, como unas milhojas de múltiples situaciones de sobresaltos, temores, carencias y peligros, no se lavaban tan fácil.

Eran cansancios sumados a tristezas migratorias, a duelos por un país que fue y tardará mucho en volver. Por lo menos no en mi tiempo de vida útil restante.

Ir de compras al supermercado o la farmacia equivale a ir a Disneylandia, con el agravante de saber que es una experiencia prestada, en una sociedad vital pero prestada también.

Caí en cuenta que las cosas que me hicieron volver a "mi" país (trabajo, amistades, pacientes y demás variables) habían cambiado tan radicalmente para peor durante el último año en la República Bolivariana, pues el aire se había cargado de una calina amenazante de inseguridad y riesgo, un toque de queda auto impuesto a eso de las 8 p.m y puros anuncios de una sociedad que ha perdido su reserva moral pero mantiene la frivolidad del chiste para resolver casi cualquier inconveniente.

Gran parte de los diálogos se mantiene en las colas para conseguir alimentos o medicinas. Conversaciones de ciudadanos errantes intercambiandodatos de donde conseguir esto o aquello para finalizar con el consabido "que nos agarre confesados" o "veremos qué pasa", sin agregar que ya suponemos qué ocurrirá.

Nada de esto se quita con jabón.

Pero la nostalgia por volver es cada vez más pálida porque el sentido de pertenencia se diluye en la desesperanza. Y sin haber resuelto el gran dilema de qué hacer en el país de destino, cuyo orden y abundancia se admira pero también se aspira a que regresara progresivamente al país de origen. Un país carente de insumos fuera de las promesas políticas.

No le voy a preguntar, querido lector, cuál jabón usa ni tampoco qué lo preocupa.
Asumo que ninguno de nosotros tiene una respuesta diferente a un silencio solidario.
Con eso es suficiente, por ahora.

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