Una mamá venezolana en Montreal

No hace mucho tiempo, me estrené como mamá. Me embaracé y di a luz a una nena, en Caracas, la misma ciudad en la que yo nací, crecí y me enamoré de su papá. No había pasado ni un año cuando nos montamos en un avión para emprender otra aventura: la de estrenarnos, los tres, como inmigrantes.
Por Cynthia Rodríguez


Vivir estos dos procesos en tan poco tiempo ha sido fuerte, pero siempre he pensado que mientras más trabajas por algo y mejor actitud tienes, más posibilidades hay de que las cosas te salgan bien. Y aquí estoy (estamos).

Desde que llegué aquí he escuchado consejos, buscado información, caminado mucho, cometido errores y seguido adelante. Varias veces y en distintas situaciones y contextos. También me he ido quitando muchos prejuicios y cambiando ideales por realidades. Creo que así es como va a ser esta historia, igual como ha sido hasta ahora la experiencia de ser mamá. Y creo también que lo que voy aprendiendo le puede servirle a otras mamás que están pasando por un proceso parecido. Porque sé que no somos pocas y que nos gusta saber que por ahí hay alguien más como nosotras, que nos entiende, que está dispuesta a ayudarnos y también a sonreirnos desde el otro lado de la acera. Es lo que siento cuando voy caminando por las calles de Montréal con mi hija en su cochecito (donde va protestando enérgicamente, porque detesta estar amarrada) y me encuentro a menudo con otra mamá, que va corriendo detrás de su hijo. Nos miramos, nos sonreímos. Sabemos que las dos hablamos el mismo idioma. Es esa lengua que se llama “mamá”, en la que se pregunta a menudo ¿cuántos meses tiene?, se elogian con cariño ojos y mejillas y se llega incluso a indagar, no sin cierta envidia saludable, si ya duerme toda la noche.

Hablar “mamá” es un módulo de lenguaje independiente de tu idioma de nacimiento y de la lengua oficial del país al que te mudaste o, como en este caso, de la provincia o de la zona de la ciudad en la que vives. Una mamá siempre se logra entender con otra, puede y quiere ayudarla, es capaz de regalar un pañal, un poco de fórmula o de extender el brazo para detener un cochecito que se escapa por la calle. Una mamá no mira con desdén a esa otra mujer cuyo niño arma un berrinche en pleno centro comercial. La mira con compasión, como diciendo “sí, yo también he estado ahí, paciencia”.

Una mamá es un ser capaz de hacer casi todo con una sola mano, medio dormida y haciendo otras tres cosas al mismo tiempo y por eso ayuda a la otra mamá en el metro o en el bus, o cuando ve que el juguete del bebé está a punto de caérsele al suelo.

Una mujer que habla “mamá” también comparte con las demás un punto débil, una especie de kriptonita, que es capaz de derretirla hasta el núcleo: es ese momento en que su bebé también habla su idioma y le suelta, así como si nada, la contraseña de dos sílabas que abre todas las puertas: “mamá”.

Este blog es de una mamá para todas las que hablan su idioma. Está hecho en español porque esa es la lengua en la que esta mamá se expresa mejor (aunque está haciendo todo lo que puede en francés y en inglés) y porque cree que, como ella hay muchas mamás hispanoparlantes en esta ciudad que necesitan consejos, datos, tips, descubrimientos y también un espacio donde conversar sobre lo que han aprendido.

Para todas esas mamás en Montréal, va mi sonrisa solidaria y estas líneas y las que vendrán en este espacio. Por favor, no duden en contarme qué temas les interesan, que con gusto los cubriré.

Nos vemos por ahí, empujando el cochecito.

Fuente: http://mamaenmontreal.wordpress.com/

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