Las gafas del optimismo

Cada uno de nosotros puede dar fe de que la experiencia de vivir trae consigo situaciones y etapas difíciles y dolorosas. Es allí mismo donde los especialistas ubican el explorar, evaluar o tomar la decisión de emigrar hacia un destino diferente, desconocido e incierto.
Por: Sonia Peña-Czechowicz


Vamos a tomar como punto de partida una de las interrogantes sobre la cual basa sus investigaciones el doctor Martin Seligman, padre de la psicología positiva: ¿Por qué, frente a las dificultades, algunas personas se dan por vencidas rápidamente y otras perseveran y salen adelante? La clave radica en tres cualidades: el grupo de fortalezas propias, la voluntad y el optimismo.
El Dr. Seligman afirma que todos los seres humanos poseemos fortalezas de forma innata, que son entrenables y susceptibles de ser mejoradas y que no dependen en absoluto de la inteligencia, talento o capacidad. Entre las 24 fortalezas que él clasificó, las que yo escogería como apoyo para el proceso migratorio serían la resiliencia, la creatividad, el bienestar, la calidad de vida, el sentido del humor y la gratitud.
La segunda cualidad es la más esquiva: la voluntad. La voluntad juega un papel decisivo ya que nos permitirá identificar y ejercitar nuestras fortalezas, facilitando el proceso de toma de decisiones, manejo de conflictos, objeciones y rechazos que surgirán a lo largo del proceso.
En cuanto al optimismo, Seligman lo define como la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. Se trata de una disposición de la personalidad que ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo en personas y circunstancias, confiando en las propias capacidades y posibilidades y en la ayuda que es posible recibir. A diferencia de lo que se cree popularmente, también afirma que el optimismo puede ser aprendido.
El consultor Eduardo Jubete amplía el concepto de optimismo cuando afirma que las personas mismas pueden hacerse la vida más o menos difícil, dependiendo de la forma en que cada una decida abordar los problemas, y que es posible aprender a mirar el mundo con las “gafas del optimismo”.
Imaginemos que esto de emigrar es un coctel: mezclamos las fortalezas que nos definen y nos son propias con muchas medidas de voluntad. Le agregamos una dosis triple de optimismo y, finalmente, un chorro de compromiso para tomar en serio nuestra experiencia migratoria. Lo batimos y Voilá: tendremos los puntos de apoyo imprescindibles que actuarán como nuestras palancas emocionales disponibles para perseverar.
Sin duda que a lo largo de nuestra vida estaremos inmersos en situaciones complejas tal como lo puede ser un proceso migratorio. Sólo asumiendo esto, es posible que nos preparemos para afrontar, resistir y sobrellevar las circunstancias difíciles. No se pretende hacerlo lucir fácil, porque no lo es. Pero con un esfuerzo personal e individual y con la ayuda de la Inteligencia Migratoria que con todas sus herramientas brinda los amortiguadores para enfrentarse a este tránsito delicado, es factible superar los obstáculos.
Al final del día, todo en la vida tiene un lado positivo, seamos capaces de verlo o no.

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