¡Bótale corriente!

Dentro de las grandes ganancias de conocer otra cultura están las expresiones autóctonas de cada sitio que, en pocas palabras y de forma muy precisa, definen a la perfección una idea o un concepto que tomaría mucho más tiempo y elaboración explicar.
Por: Sonia Peña-Czechowicz



Así me pasó cuando tuve la oportunidad de trabajar en conjunto con una gran empresa colombiana. La frase, antioqueña o paisa específicamente, fue: “No le bote más corriente a eso…”. Al oír la frase por primera vez no me la tuvieron que explicar. Inmediatamente me imaginé algún aparato o batería emitiendo un chispazo o corrientazo. Si vamos al caso de una persona, se traduce en un gasto de energía de tal potencia que la debilitaría. El significado que le dan a estas dos palabras algunas páginas de Internet sobre modismos es:  Pensar mucho en algo; darle vueltas a un mismo tema.
Si nos entra la curiosidad de explorar un camino migratorio, una excelente recomendación que puedo compartir es botarle corriente por un tiempo limitado y no dejarlo colgando como una asignatura pendiente dando vueltas a su antojo dentro de nuestra cabecita. A ver ¿por qué no?
La primera razón es porque cada vez que algo no nos salga de acuerdo con nuestras expectativas, va a ser el primer pensamiento que saldrá a la superficie. Por lo de que siempre la grama es más verde en otro lado.
La segunda razón es porque las tareas inconclusas son caldo de cultivo para reacciones de angustia y preocupación a veces innecesarias. En cambio, si por ejemplo, hacemos una lista de lo que nos gusta y lo que no del lugar donde vivimos (por favor no hagan la lista en momentos de crisis sino cuando se sientan más en calma) podremos descubrir que sí hay cosas que amamos de allí aunque no las reconocemos fácilmente.

¿Por qué no arriesgarnos a soñar?
No estoy hablando de tomar una decisión. Solo de explorar, de hacernos preguntas como ¿Estoy dejando pasar una oportunidad? ¿Qué tal si vivir en otro país no es una experiencia tan cuesta arriba como parece? ¿Qué opciones tengo a mi alcance? ¿Con qué recursos internos y externos cuento para emprender un proyecto migratorio en el caso de que quisiera hacerlo? ¿Dispongo de la energía necesaria para un proyecto de esta trascendencia? ¿Por qué hay personas tan determinadas a emigrar? ¿Qué saben ellos que yo no sé? Al contestarnos estas preguntas y otras que se nos vayan ocurriendo, el panorama se verá más claro y contaremos con una información que antes no teníamos de nosotros mismos. Habrá quien diga que mejor no escudriñar profundo no vaya a ser que uno se angustie más anticipadamente. Pues es al contrario, la información nos da seguridad, control y nos baja los niveles de ansiedad.
En mi experiencia personal aprendí, con dificultad, que evaluar proyectos personales no era el equivalente a ejecutarlos. Explorar y evaluar no es sinónimo de emprender.
Como decimos en el libro sobre Inteligencia Migratoria, en etapa de distribución en este momento, en el derecho de emigrar queda implícito el derecho a soñar con un futuro donde la vida pueda ser mejor. ¿Por qué no arriesgarnos a soñar? Al final muchos sueños se hacen realidad.
William James pragmático médico, psicólogo y filósofo neoyorkino decía “Nada es tan agotador como el colgar eterno de una tarea sin concluir”. Sería como un bote de corriente permanente. ¿Se imaginan el desgaste de energía?

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