El arrepentimiento

¿Qué pasa cuando nos arrepentimos? Se nos enseña a tratar de vivir sin motivos de arrepentimiento. Citando el ejemplo de un tatuaje que se hizo, Kathryn Schulz ofrece argumentos claros e inspiradores para reconciliarnos con nuestras decisiones desafortunadas.
Por Kathryn Schulz

En 1990, Johnny Depp se hizo pareja de Winona Ryder y se tatuó en el hombro derecho: Winona Forever (“Winona para siempre”). A los tres años terminaron, y Johnny borró dos letras del tatuaje; ahora dice: Wino Forever (“Bebedor para siempre”). Yo también tengo un tatuaje. Empecé a pensar en hacérmelo cuando rondaba los 25 años, pero esperé mucho tiempo a propósito. Conozco personas que se hicieron tatuajes a los 17, 19 o 23 años, y se arrepintieron al llegar a los 30. Eso no me pasó a mí; me hice el tatuaje cuando tenía 29 años, y me arrepentí un instante después. Me refiero a que experimenté un intenso desánimo al salir del salón de tatuajes, y cuando llegué a mi casa me sentí aún más abatida.
Esto me perturbó mucho porque, hasta ese momento, yo me enorgullecía de no tener absolutamente nada de que arrepentirme. Cometí muchos errores y tomé decisiones tontas, pero siempre pensé haber hecho lo mejor que podía, dado quién era yo en ese entonces y dada la información con que contaba. Aprendí la lección, y así llegué adonde estoy hoy en la vida. No cambiaría nada; en otras palabras, lamentar cosas que ya ocurrieron es definitivamente una pérdida de tiempo. Siempre deberíamos mirar hacia adelante y nunca hacia atrás, y tratar de vivir sin arrepentimientos.

La siguiente cita ilustra bien esta idea: “Las cosas que no tienen remedio no deberían importar; lo hecho, hecho está”. Parece una filosofía convincente y admirable, pero, ¿sabes quién expresó estas palabras? Lady Macbeth, cuando le dice a su esposo que deje de sentir remordimientos por haber cometido un asesinato. Y resulta que Shakespeare sabía algo de esto, porque la incapacidad de experimentar arrepentimiento es uno de los rasgos distintivos de los sociópatas. 
Pero si quieres ser totalmente funcional, humano y humanitario, creo que necesitas aprender a vivir, no sin arrepentimientos, sino con ellos. El arrepentimiento es la emoción que nos embarga cuando pensamos que nuestra situación actual podría ser mejor o más feliz si hubiéramos hecho algo diferente en el pasado. 
Supongámonos, por ejemplo, que hoy es la boda de su mejor amigo y está intentando llegar al aeropuerto en medio de un tráfico intenso; cuando por fin llega allí, el avión ya despegó. Si perdió el vuelo por solo tres minutos, el arrepentimiento lo va a agobiar. Es doloroso imaginar que si hubiera tomado una decisión distinta, la situación habría tenido un mejor desenlace. Sentimos arrepentimiento cuando pensamos que somos responsables de una decisión que salió mal, pero que por poco sale bien.
Existen muchísimos libros sobre decisiones financieras y de consumo y los arrepentimientos asociados con ellas; básicamente, de lo que se arrepienten los compradores. Pero algunos investigadores con una visión más amplia de repente se preguntaron: en términos generales, ¿qué cosas lamentamos más en la vida? A continuación sintetizo sus respuestas. 

  • De esas cosas, la principal —y por mucho— es la educación; la tercera parte de todos nuestros arrepentimientos tiene que ver con decisiones que tomamos al respecto. Deseamos haber tenido más educación, aprovechado mejor la que recibimos y, tal vez, elegido una carrera diferente. 
  • Otros de nuestros mayores motivos de arrepentimiento se refieren a las relaciones amorosas, la paternidad, decisiones relativas a nuestra manera de ser y actuar, y a qué dedicamos el tiempo libre o, más específicamente, cómo lo aprovechamos. 
  • Los arrepentimientos restantes conciernen a las finanzas, asuntos familiares no relacionados con el amor ni con la paternidad, la salud, los amigos, la espiritualidad y la comunidad. Nuestras decisiones financieras representan menos del tres por ciento del total de nuestros arrepentimientos. Así que si se está rompiendo la cabeza porque no sabe si comprarse un auto de lujo o uno económico, despreocúpese.

Lo más probable es que la decisión que tome ya no le importará dentro de cinco años. En cuanto a las cosas que realmente nos importan y los errores que nos producen un arrepentimiento profundo, ¿qué sentimos? Una molestia terrible, sin duda. Pero resulta que el arrepentimiento nos hace sentir muy mal de cuatro maneras muy concretas y sistemáticas. 

  • La primera es la negación. Cuando regresé a casa luego de hacerme aquel tatuaje, no pude dormir en toda la noche. Me pasé horas pensando: ¡Ojalá desaparezca! Fue una respuesta emocional infantil, equivalente a decir “¡Quiero a mi mamá!” Al reaccionar así, no estamos intentando solucionar el problema ni analizando las razones que nos llevaron a tenerlo; solo queremos que desaparezca.
  • La segunda manera en que el arrepentimiento nos agobia es con una sensación de perplejidad. Aquella noche en mi cuarto también me pregunté: ¿En qué estaba yo pensando? Uno se siente totalmente desligado de esa parte de su ser que tomó la desafortunada decisión. No la entendemos en absoluto y, desde luego, no sentimos ninguna empatía con ella. Esto explica el tercer rasgo del arrepentimiento, que es un deseo intenso de castigarnos. Cuando uno se arrepiente de algo, suele pensar: Quisiera darme cien patadas. 
  • El cuarto componente del arrepentimiento es lo que los psicólogos llaman perseveración: concentrarse obsesivamente en un acto o hecho específico. El efecto de la perseveración es exacerbar los otros elementos del arrepentimiento y ponerlos en un círculo infinito. Así que esa noche no dejé de pensar en el tatuaje e implorar una y otra vez: Ojalá desaparezca, ojalá desaparezca... 
  • Pero hay un quinto componente del arrepentimiento: una especie de “despertador” existencial. Aquella noche, acostada en mi cama, pasé muchas horas pensando en los injertos de piel. Luego recordé que mi seguro médico no cubre tonterías, y tomé conciencia de que las malas decisiones que uno toma lo dejan totalmente desamparado, indefenso, expuesto a su vulnerabilidad y falibilidad en un mundo insensible e indiferente.

La intensidad y la persistencia con que experimentamos los elementos emocionales del arrepentimiento dependen, lógicamente, del motivo específico por el cual nos lamentamos. Uno de mis principales generadores de arrepentimiento en la vida actual es hacer clic en la opción “Responder a todos” al usar el correo electrónico. Lo asombroso de esta innovación tecnológica realmente insidiosa es que basta con hacer eso para desencadenar arrepentimiento de muy variadas formas. Si por accidente hace clic en “Responder a todos”, puede arruinar una relación amorosa, afrontar una gran vergüenza en el trabajo o pasar su último día en la oficina. A veces tomamos decisiones que tienen consecuencias terribles e irreparables en nuestra salud, felicidad o actividad laboral —o en las de otras personas— y, en el peor de los casos, incluso para nuestra vida. Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer para adaptarnos a ella?
Hay tres cosas que nos ayudan a reconciliarnos con el arrepentimiento. 

  • La primera es encontrar consuelo en el hecho de que se trata de un sentimiento universal. Si hace una búsqueda de “arrepentimiento” o de “tatuaje” en Google obtendrá infinidad de resultados. La Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos calcula que de los 45 millones de personas de ese país que tienen tatuajes,un 17 por ciento lamenta haber decidido tatuarse. Esas personas somos Johnny Depp, yo y nuestros 7 millones de amigos. Y ese cálculo corresponde solo al arrepentimiento por los tatuajes. 
  • La segunda forma de ayuda es reírnos de nosotros mismos. En mi caso, esto no fue difícil, porque es imposible no reírse de uno mismo cuando tiene 29 años y quiere el consuelo de su mamá porque se arrepintió de hacerse un tatuaje. Todos los que hemos experimentado arrepentimientos acompañados de dolor y tristeza entendemos que el humor (incluso el humor negro) desempeña un papel fundamental para ayudarnos a sobrevivir. Reconecta los polos de nuestra vida y nos devuelve un poco de optimismo y alegría. 
  • La tercera manera en que podemos hacer las paces con nuestros arrepentimientos es permitir que el tiempo pase, pues sabemos bien que borra todas las heridas… excepto los tatuajes, que son permanentes. Ya han transcurrido varios años desde que me hice el mío. A decir verdad, no es tan feo. Cuando otras personas lo ven, a la mayoría les gusta. El problema es que a mí no me gusta cómo se ve.

Algunos de sus propios arrepentimientos tampoco son tan terribles como piensa. Yo me hice un tatuaje de brújula porque me pasé viajando la mayor parte de mi segunda década de vida. No quería olvidar lo importante que me parecía explorar el mundo y, al mismo tiempo, lo importante que es no perder el rumbo. Lo que me gustaba de la brújula era que me parecía que condensaba ambas ideas en una sola imagen. Y pensé que podría servirme como una especie de artefacto nemotécnico permanente. Así ha sido, en efecto, pero lo que me recuerda constantemente es la lección más valiosa que puede dejarnos el arrepentimiento. Si tenemos metas y sueños, si queremos hacer lo mejor de lo que somos capaces y si amamos a la gente y no queremos lastimarla o perderla, debemos sentir dolor cuando las cosas nos salen mal.
Lo esencial no es vivir sin arrepentimientos; lo que importa es no odiarnos por tenerlos. La lección que al final me dejó mi tatuaje es esta: necesitamos aprender a amar las cosas defectuosas e imperfectas que creamos, y perdonarnos por haberlas creado. El arrepentimiento no nos recuerda que actuamos mal; nos recuerda que sabemos que podemos actuar mejor.

Fuente:http://ar.selecciones.com/contenido/a3484_que-pasa-cuando-nos-arrepentimos

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