La inmigración según Laureano Márquez

Hace poco me contó el genial humorista y amigo Gaetano Ruggiero (Ché Gaetano), de los maltratos de que fue víctima por parte de las autoridades de inmigración españolas, que le hicieron enseñarles los euros que llevaba, para demostrar que no iba "limpio", es decir, a quedarse.

Estatua dedicada al emigrante (Tocón,Ílloraprovincia de Granada).

Otro tanto le sucedió al Moreno Michael, que también iba a una presentación. Éste, además, fue sometido a exhaustiva revisión, obviamente por el primer componente de su nombre artístico.
Cuando los pasajeros no muestran dinero o huelen a inmigrante, se les devuelve. Todo esto en medio de la ancestral cordialidad y buenas maneras que siempre han mostrado las autoridades de inmigración españolas, cosa que hace sentir al que llega como en casa.
Si a mi padre le hubiesen pedido, en el puerto de La Guaira, que mostrara los bolívares que traía, no estaría yo aquí escribiendo este artículo.
Mi padre no vino a traer, sino a buscar bolívares, como los venezolanos vamos a buscar euros. @!#$, ¿es tan difícil de entender?; ¿se olvidó tan rápido la calamidad de la posguerra?; ¿es que no os dais cuenta de que nos hablaron desde chicos de la madre patria y no hay cosa más atroz que el desprecio de una madre?
No, no se puede ofender de esa manera a una gente que abrió los brazos siempre a los españoles. ¿Qué sabe España de los García Pelayo, de los Federico Riu o de los García Bacca que, quizá, le estamos enviando de contrabando a engrandecerla?
¿Qué sería de España sin Boris Izaguirre?, un venezolano que, con ironía y burla, les ha mostrado lo superficiales que se han vuelto. Pendientes de las miserias de los famosos para olvidar las propias.
De espaldas a un pasado triste y pobre, que lanzó a millones a “seguir sobre el azul del mar el caminar del sol”, nos hiere España porque la amamos, porque la sangre española que llevamos nos hierve cuando es ofendida por su propia sangre. Le reclamamos porque es nuestra madre y no hay derecho.
Pero ¡por Dios!, ¿qué estoy haciendo? Mi primer artículo de humor en El Mundo y hablando de algo tan triste, corriendo el riesgo de que Ana Black me bote de una.
Mejor rematamos con un chiste. Un chiste para evadir:
Un hombre que fue en la tierra muy bueno, se murió y, como era de esperarse, se fue al cielo, donde llevaba más de mil años disfrutando de la eternidad; pero un día se fastidió y le dijo a Dios: “Dios mío, quisiera que me permitieras conocer el infierno por una noche, para saber de qué me perdí”.
Dios, en su infinita bondad, le dijo: “Si es tu voluntad, así sea”.
Nuestro hombre se fue esa noche al infierno. Subió, a su entrada, unas escaleras de mármol de Carrara. Vio por doquier luces de neón y una puerta se abrió de manera espectacular, dando paso a una especie de Edén surcado por ríos de whisky de 18 años y mujeres de las más hermosas del planeta, todas venezolanas, obviamente. Pasó la mejor noche de su vida y regresó de madrugada al cielo. En la mañana, habló con Dios y le manifestó su deseo de mudarse definitivamente al infierno Dios nuevamente aceptó.
Arreglados sus asuntos, a la semana estaba camino del infierno.
Subió las mismas escaleras y se abrió nuevamente la puerta, pero esta vez cayó a una paila gigantesca de azufre hirviente. Se hundió en ella mientras el diablo lo punzaba con su tridente, pero con esfuerzo logró colgarse del borde.
Sacó la cabeza y miró al Diablo sentado en su trono y le dijo:
-Diablo, ¿qué es esto? Yo estuve aquí la semana pasada y todo era maravilloso…
Y el Diablo respondió:
- Sí, pero una cosa es el turismo y otra la inmigración.
A todos los inmigrantes de todos los países del mundo.


fuente: http://www.mequieroir.com/foros/tema/la-inmigracion-segun-laureano-marquez/

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