Hoy no quiero vivir más aquí

Hay días cuando me asalta recurrentemente esta idea. No importa si empiezan con el pie derecho o el izquierdo, o si se tuercen en el camino. No depende ni siquiera donde me encuentro en ese momento ya que, al ser migrante pendular, divido mi tiempo entre dos destinos. Indiferentemente, esta idea se enclava en el centro de mis pensamientos.

Por Sonia Peña - Czechowicz


Mi gran logro ha sido poder empezar la frase con la palabra hoy. Es decir, por un día. Tal como esa frase tan cargada de sabiduría que dice “Vivir un día a la vez”. Frase simple al decirla pero que encierra una enorme complejidad al asumirla como ingrediente de nuestra filosofía de vida.
Poner ese “hoy” delante de la frase que titula este artículo no ha sido un camino fácil. Siempre me han hecho resonancia expresiones como “Un día a la vez” o “Sólo por hoy seré feliz”. Pero poco a poco fui descubriendo que llegar allí y sentirse identificada e interpretada por ese conjunto de palabras era otra cosa muy distinta. ¿Por qué? Porque el pasado nos persigue y el futuro nos apremia. Porque nos quedamos enganchados en lo que ya pasó o en lo que todavía no ha sucedido. Porque nos cuesta mucho trabajo no generalizar o no poner límites de tiempo a pensamientos que probablemente son ocasionados más por una concatenación de eventos desafortunados que por una decisión de vida.
Parte de este aprendizaje lo hice en el país de acogida. Es un país anglosajón. Siempre me llamaba mucho la atención la manera cotidiana de saludar: ¿Cómo estás HOY? o ¿Cómo se encuentra ESTA NOCHE? Al principio lo tomé como una forma de no dejar la pregunta abierta a las profundidades de respuestas excesivas y la verdad me resultaba un poco impersonal y distante. Sin embargo, en la medida que conocí mejor esa sociedad, me fui dando cuenta que formular la pregunta de esa forma es un recurso lingüístico muy poderoso ya que obliga al que responde a ubicarse en un instante en el aquí y el ahora. En ese preciso momento en que ocurre la respuesta.
Decir, sentir y vivir “un día a la vez” nos ayuda a no llevar todas nuestras cargas sumadas una sobre otra haciéndolas más pesadas. A liberarnos  de lo que ha pasado y no podemos remediar y de lo que no ha sucedido y no sabemos realmente si será como lo imaginamos. Al hacerlo le damos contención a lo que pudiera fácilmente desbordarse y afligirnos profundamente y nos ubica en lo que es humanamente posible lograr en ese plazo.
Usando estas poderosas frases es como personas que pasan por situaciones de peso inimaginables, catástrofes, pérdidas, enfermedades que comprometen su vida y adicciones que les doblegan la voluntad, pueden tolerar senda carga y seguir viviendo con la certeza de que algo mejor les espera después de esa lección de vida.
Y especialmente cuando estamos en el complejo tránsito de emigrar o de evaluar la decisión de hacerlo, estos momentos parecieran multiplicarse con mucha facilidad. Inclusive cuando la decisión es tomada de forma planificada y sabemos que al mediano plazo nos espera un futuro más acorde con nuestras aspiraciones. Aún así. Y la razón de ello es porque estamos sumergidos en un torbellino lleno de incertidumbre, de dudas y de angustias que son parte intrínseca de esta decisión mayor de cambio. En mi experiencia tanto propia como de asesoría, con todo lo que implica saber esto de antemano, lejos de añadir más preocupaciones o complicaciones contribuye para que se manejen mejor las expectativas.
Para mí, pensar que solo tengo que sortear un día a la vez me conforta porque sé que llegará la noche y mañana será otro día donde nuevamente se renovará la oportunidad de que las circunstancias se reorganicen más favorablemente. Y definitivamente será un día diferente.

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