Evitar el peligro es un impulso migratorio

La incertidumbre continua, mantenida, genera un estado de cansancio equivalente. En esas circunstancias es obligatorio procurar un espacio de reposo obligado, de recuperación y sanación, como quien sale de una larga enfermedad. Crear espacios gratos, evitar relaciones tóxicas que vuelven una y otra vez a temas de conversación acerca de la angustia y la impotencia. 
A pesar de todo, cansancio incluido, es importante tratar de hacer ejercicio, leer, escuchar música, darle un reposo al cuerpo, a la mente y al alma. 
por Harry Czechowicz

Los tiempos previos al hecho migratorio, tanto como aquellos que transcurren después de haber llegado hasta ajustarse a la nueva situación, buscar empleo, arreglar infinidad de detalles previstos e imprevistos, producen una acumulación de estrés y agotamiento. Sin embargo, siempre existen espacios donde es posible distenderse, descansar, aquietar la mente, donde es posible imaginar opciones a futuro, porque existe una infraestructura que lo hace posible.
Otro caso, completamente diferente, se presenta cuando existen desastres naturales o, peor aún, tragedias políticas. 
Ante un desastre natural, las sociedades organizadas usan la disposición de sus ciudadanos para corregir la situación cuanto antes. Se declaran estados de emergencia, se usan y construyen refugios, y se cuenta con la colaboración de toda la sociedad para reparar los daños. Existen ejemplos en muchos países: el caso de Choroní en Venezuela, los tsunamis en el Pacífico, terremotos en Japón, inundaciones en Madeira.... Los ciudadanos respetaron la propiedad privada y, a pesar del cansancio, se quedaron, no emigraron, hicieron equipo con sus gobernantes, como debe ser, en una relación de ganar-ganar. Esa relación de compromiso empoderó a la población mientras que aumentó la credibilidad en sus gobiernos locales, regionales y nacionales. Eran, en la desgracia, un solo pueblo que, en momentos de crisis fueron realmente excepcionales. No solo arreglaron sino que mejoraron y previnieron. Estas emergencias ayudan al arraigo gracias al esfuerzo y la esperanza compartidos.
Una situación opuesta a la anterior ocurre cuando ocurren tragedias políticas, cuando los gobiernos que ocupan el poder cambian su ideología de tal forma que no hay refugios ni inclusión para un ganar-ganar.  Cambian su naturaleza e imponen restricciones y castigos a quienes se oponen. En sociedades democráticas, donde los congresos y parlamentos aceptan las diferencias de ideas y establecen alianzas y acuerdos, convocan referendos, respetan resultados y las libertades civiles y de propiedad, se crea un espacio de confianza en el futuro del país y el fortalecimiento de sus instituciones. Por el contrario, en los gobiernos totalitarios se cultiva la idea de la emigración, de pequeña a mayor escala. Este impulso migratorio es una salida desesperada para salir del peligro, la presión o poner “a salvo” a los niños y jóvenes en primer lugar. Es la historia de un mundo convulsionado. 
Con sus semejanzas y diferencias, cada población migra para soñar con un futuro donde puedan recuperar, en el tiempo, su libertad para pensar y actuar, trabajar y ser respetados. Poblaciones que migran para volver, algún día, a ser ciudadanos libres, en otras circunstancias seguramente y con los problemas propios de cada país ya que no existe la perfección en ninguno. Estas personas buscan lo que tuvieron en un pasado que muchos recuerdan, donde existía seguridad, opciones y libertad. Esa es la semilla fundacional de la gran mayoría de las migraciones.

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