Llevarse las raíces consigo

Los procesos sociales en curso, especialmente la globalización socio-económica y la mundialización cultural, están cambiando no sólo las condiciones de vida y las formas de estar en el mundo, sino también las maneras de pensarlo y, sobre todo, de vivenciarlo.
Por Joaquín García Roca

Foto Mona El Falaky, Pixabay

Cambian las formas de estar en la realidad; algunas de ellas desafían las fronteras y los modos tradicionales de intercambio, a causa de la movilidad social y las migraciones. Los flujos migratorios están creando redes entre las sociedades de destino y las sociedades de origen; la interconexión e interdependencia conforman la figura de la realidad aunque sea en forma invisible. La metáfora de la navegación en condiciones inciertas y sin rumbo claro ilustra la transformación de los modos de pensar en sede a la complejidad y a la incertidumbre.

De este modo, este proceso social requiere de una espiritualidad como modo de vivenciarlo. Le atribuimos al espíritu una especie de energía inmaterial, que crea campos magnéticos a su alrededor; como la luz que causa la fotosíntesis, sin ser ella misma la planta; como la gravedad que causa la caída, sin ser ella misma la atmósfera; así el espíritu, que nadie controla ni conoce totalmente, se despliega en energía no material.

Son tres ámbitos de realidad -el físico, el mental y el espiritual- que se superponen unas veces y se suceden otras. Si queremos comprender la música no basta con tocar un instrumento y aprender alguna técnicas básicas, de manejo; ni siquiera es suficiente disponer de unas ideas de composición e interpretación. Los instrumentos físicos y las ideas técnicas son necesarias paro no suficiente para comprender o crear la música, si no somos capaces de captar y reflejar el espíritu de la música. El espíritu es la actualizaciónmque se produce en la ejecución de unas técnicas instrumentales y de unas partituras en las que se objetiva el saber.

Vivir en espíritu consiste en reconocer que la vida puede “dar más de sí”, puede desplegarse en creación. La espiritualidad evoca “dar más de sí”; es otro modo de significar plenitud. ¿Cuándo se alcanza plenitud? Cuando da de sí mismo. En la imagen de S. Weil, se trata de hallar el modo de contravenir la ley: “Cómo sustraerse a este efecto de la gravedad? He de buscar un método para escapar de la lógica implacable de la gravedad, para elevarme. Somos visitados por algo fuera de nosotros, tan sólo es necesario el valor de salir de uno mismo, de deshabituarse y exponerse a la acción creadora. Es la invitación a trascender el yo, a potenciarlo, a cultivarlo en contacto con los demás, en comunión con lo otros seres humanos y con la naturaleza.

Fuente: http://polis.revues.org/6012?lang=es

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