Aterrizando en Venezuela: Nostalgia y consejos de los lectores para sentirme en casa en Caracas

Nicholas Casey, el nuevo corresponsal de The New York Times en la región andina, ha creado un blog para compartir todas las vivencias de su primer mes en Venezuela que ha concitado la atención de miles de lectores.
Por Nicholas Casey


Escribir este blog sobre Caracas ha tocado una fibra sensible en muchos lectores, que me han escrito desde que llegué a Venezuela. Algunos correos eran de expatriados que vivieron en la ciudad durante años y la recuerdan muy bien; otros eran de venezolanos con profundas raíces en su país que se unieron a la ola de migración provocada por la crisis económica del país. Pero sin importar las razones de su salida, una profunda nostalgia por Caracas corre por las líneas de cada mensaje.

El tema omnipresente es el gran cambio acaecido en Venezuela, que convirtió a Caracas en una ciudad, en palabras de algunos, irreconocible. Hugo Chávez llegó al poder en 1998, y comenzó una revolución que fue impulsada por los altos precios del petróleo y que puso a los pobres en el centro de las políticas del país por primera vez. Pero esos precios se han derrumbado, la delincuencia se disparó y el destino de Venezuela parece incierto, tanto desde aquí como en el extranjero.

Aquí reproduzco un mensaje de Deborah Malitz, una violinista que vivió y trabajó como intérprete de música clásica en Venezuela antes de regresar a los Estados Unidos. Venezuela ha producido algunos de los mejores exponentes de música clásica del mundo bajo el programa estatal llamado El Sistema. Ella me escribió, a través de Facebook:
“En los 80 viví en Caracas durante varios años, mientras trabajaba en la Filarmónica de Caracas. ¡Recuerdo que vivimos una gran devaluación! Por aquel entonces había muchos restaurantes, desde un lugar con el mejor pabellón criollo en Sabana Grande hasta la maravillosa pastelería Mozart, en el Concresa, que hacía unos súper croissants y su propia versión de profiteroles; ¡también había un excelente restaurante italiano en el Concresa! ¿Qué orquestas han sobrevivido?”.

Caroline Padrón Updyke, nacida en Caracas, me escribió un correo donde comparte los recuerdos de la ciudad de su infancia:
“¡Hola! ¡Estoy fascinada con tu nuevo blog! Me mudé a los Estados Unidos en 1978, cuando tenía 10 años. Soy hija de padres venezolanos y neoyorquinos, así que supongo que soy una especie de híbrido. Me gusta decir que soy estadounidense por fuera pero caraqueña por dentro. Siempre he amado a Venezuela, nunca he dejado de extrañarla, y viajé allá anualmente hasta 1998. Desde entonces me alejé, a la espera de que pasaran los años de Chávez. Han transcurrido 18 largos años y me resulta increíble haber estado afuera tanto tiempo.
Durante este período casi todas las personas que conozco se han marchado de Venezuela. Mi familia experimentó su propia diáspora. Tengo familia en España, Costa Rica, Italia, Canadá y Brasil. En los Estados Unidos estamos repartidos por Ohio, Texas, Nueva Jersey, Florida y Pensilvania. Por estos días es en Facebook donde tenemos las reuniones familiares. Y sí, eso me rompe el corazón.
Mi deseo por volver a casa es tan agudo que a veces me acuesto en la cama y vuelvo a nuestro apartamento en Caracas ... o a la ruta de mis abuelos en los Palos Grandes desde nuestro apartamento en Colinas de Bello Monte. Para mí es increíble que mis gemelos de 12 años nunca hayan visto el país donde nací. Hace poco vi un video en YouTube de una persona conduciendo por la ciudad, así de intensa es mi nostalgia. Y quedé muy sorprendida por la decadencia física de esa ciudad que una vez fue tan hermosa.
Así que desde esa perspectiva, GRACIAS. Por ir. Por escribir estas crónicas. Por fotografiar. Por permitirme vivirlo. Por tu página de Facebook. Por contar nuestra historia”.
Luego recibí un mensaje de María Eugenia Contreras, quien este año dejó Venezuela para vivir en Montevideo, y me escribió para explicarme por qué tomó esta decisión:
“Soy venezolana y nos mudamos hace unos meses para escapar de la vida loca que teníamos en Venezuela. Montevideo ha sido un gran alivio —una ciudad tranquila que funciona bien, el lugar ideal para criar a mis dos hijos pequeños.
La vida en Venezuela ha sido muy triste para nuestra generación. Cuando Chávez llegó al poder hace 14 años, justo cuando era pequeña, estudié y traté de forjar mi destino en un país que parecía despedazarse poco a poco. Era tan difícil que el año pasado escribí un diario sobre mis vivencias —en un primer momento para mis hijos, pero también para explicarle a otras personas las razones que nos motivaron a dejar el país.
Entonces me di cuenta de que esta ola de inmigración venezolana es muy singular por su historia: somos miles de jóvenes que hemos dejado nuestro país, algo que nunca antes había ocurrido. Hay tantas cosas en la vida diaria de un venezolano que los extranjeros no conocen... Me reí mucho con la foto que publicó este blog (sobre los artículos de primera necesidad que se llevó a Caracas) porque si alguien hubiese abierto esa maleta en el aeropuerto podrían haber hecho buen dinero... allí un paquete de papel higiénico es como oro jaja, y Old Spice es una especie en peligro de extinción”.
Y Gisbely, una relacionista pública, me dio una serie de consejos para mantenerme a salvo y disfrutar de la ciudad.
“Nick, ten cuidado en los primeros recorridos por la ciudad, sobre todo con la cámara. Y disfruta de los perros calientes, la gente y el café. Tómate el tiempo para respirar y tener buenas conversaciones, para caminar y ser honesto. Tómate el tiempo para descubrir esta ciudad con una sonrisa. Caracas es una ciudad frenética y espectacular, especialmente cuando se cree en ella”.
Les mando un abrazo desde Caracas. ¡Que sigan llegando los mensajes!

Fuente: http://www.nytimes.com/2016/01/11/universal/es/aterrizando-en-venezuela-nostalgia-y-consejos-de-los-lectores-para-sentirme-en-casa-en-caracas.html?_r=1

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