¿Cuándo Emigramos?

Tomamos decisiones todo el tiempo. De toda índole. Sabemos POR QUÉ las tomamos. No sabemos a ciencia cierta CUÁNDO es el mejor momento.
Por Harry Czechowicz



Muchas relaciones de pareja o con una situación con la que convivimos como tal (trabajo, circunstancias de país, expectativas de cambio fundamentales como tener niños, escolaridad, mudanzas, migraciones a otras urbanizaciones, ciudades o países) dependen de cuándo decidimos hacerlas pues los porqués ya caen por su propio peso. Es más, ya nos cansamos de los porqués desde tiempo.

Hay personas que hace años saben que deben divorciarse pero postergan la decisión porque no están preparadas para ese gran salto, a pesar de que todo indica un deterioro de vida gradual. Buscan ayuda, opiniones de amigos y terapeutas. Pero la nostalgia se anticipa y se ven atrapados en una situación de perder-perder.

Lo mismo pasa con emigrar. La relación con los porqués es muy conocida. Lo que no se organiza, debido a los numerosos temores, son los cuándo, los cómo, con qué, las despedidas y tantas otras decisiones de diferente magnitud.

Mientras tanto, la vida sigue pasando, sin esperarnos, porque la vida transcurre alrededor del Cuándo, no del Porqué.

Recordemos por un momento que la única especie animal que requiere papeles de identidad, pasaporte, ciudadanía y/o demás variables (residentes legales o no, refugiados,  asilados, desplazados, exilados y otras denominaciones) existentes en países diferentes (democracias, dictaduras, monarquías, primer mundo, tercer mundo, etc.) es la especie humana.

Las demás especies con vida no necesitan esa complejidad. Nacen, viven, trabajan, libres o domesticados, consiguen su comida, envejecen y mueren, tal como ocurre con la gente. Esas especies también migran para buscar mejores condiciones de vida para ellos y sus familias o grandes grupos; muchas tienen un sentido de organización y conductas determinadas, incluyendo sus luchas internas por liderazgo y procreación; migran por la degradación del medio ambiente (pastos, cambios climáticos, desaparición de bosques, contaminación de las aguas) y por la posibilidad instintiva de poder encontrar más seguridad, protección para su especie. 

Así, el fenómeno migratorio no es exclusivamente inherente a la condición humana sino a la de todos los seres vivos, nos gusten o no. La necesidad de nuevos espacios comienza desde que la naturaleza misma nos obliga a nacer o morir. En los mamíferos, la matriz de la madre 'expulsa' su contenido debido al caos de no poder mantenerlos por más tiempo, así se produce el nacimiento de sus crías, solas o múltiples.

De nuevo, es el tiempo el factor determinante. Tanto para humanos como para las otras especies, las guerras, hambrunas y hostigamientos constantes de terceros, generan migraciones masivas, de entornos hostiles a otros más favorables que, aún así, tienen sus propias dificultades que saldrán a su tiempo.

La capacidad de adaptación y de generar los cambios necesarios para la existencia y transformación en algo más fuerte es un proceso Darwiniano: la sobrevivencia del más fuerte. En términos humanos estaríamos hablando de salud, tanto externa como interna.

De esto hablaremos en el desarrollo del libro, de aquellas características que conforman la esencia de lo que llamo Inteligencia Migratoria.

Es por eso que limitarnos a los PORQUÉS es solo parcial. Cada año aumenta la cantidad de millones de personas que emigran. Muchos países pierden su capital humano, aquel que está preparado para enriquecer y hacer crecer a su sociedad, tanto por su disposición ciudadana  como por su capacidad laboral, profesional o no, que conforman la columna del futuro de sus países, mucho más que sus gobiernos de turno.

Los buenos gobiernos se caracterizan por tratar de mantener como fundamentos presentes la observancia de principios y valores, el cumplimiento de las leyes, el respeto a la libertad de pensamiento, incluyendo la crítica de sus opositores. Asimismo, escogen gente con vocación, preparación y consciencia ciudadana para promover, dentro de lo posible, mayor bienestar para sus ciudadanos.

Buenos gobiernos, con liderazgos apropiados que tengan la capacidad de auto corrección y cambio para el bienestar de su gente, evitan el empobrecimiento social, calamidades económicas y el nepotismo. Sus ciudadanos son aliados. Trabajan por un bien común y, al mismo tiempo, respetan sus diferencias y compiten por liderazgos mejores. Tienen sus altibajos.

Los ciudadanos de países así no migran. Se quedan. Aceptan inmigrantes. Tienen claridad en  sus propósitos e invierten en educación, salud y programas sociales.
Muchos países han pasado por diferentes guerras durante su historia. La mayoría ha sabido reconstruir su presente sin olvidar sus dificultades. La globalización ha colocado en el debate público el problema migratorio y sus causas.

Se han formulado muchas leyes para controlar este fenómeno que parece epidémico entre  los países del Sur y del Norte americano, así como también entre África y Europa.

Son muchas las dificultades de inserción: idioma, usos y costumbres, desarrollo humano, capacidad organizacional de los inmigrantes, oportunidad viable de empleos dignos y condiciones favorables para los obreros de otras culturas. Y con mayor frecuencia, las diferencias religiosas resultan prácticamente incompatibles con la vida cotidiana de los países huéspedes, a pesar de los muchos esfuerzos invertidos en tratar  reducir los roces culturales. Se trata de problemas humanos, generacionales, globales.

Aquellos países que valoran sus recursos naturales por encima del valor del capital humano que de ellos emigra, lamentablemente están destinados a ser pobres países ricos con gobiernos que terminan víctimas de sus luchas internas.

Aquellos países ricos en recursos naturales y humanos, ocupados en educar y crear una infraestructura elástica que permita la creación de sociedades donde las personas ejerzan sus libertades civiles y progresen, permanecerán y además ayudarán a inmigrantes dispuestos a crecer con ellos.

¿Entonces, cuándo emigramos?
•    Cuando nos cansamos de estar cansados de lo mismo.
•    Cuando sabemos que la naturaleza del país que amamos, donde crecimos, trabajamos y pusimos nuestro mejor esfuerzo ya no es la misma.
•    Cuando nos convencemos de que el trabajo del sector político está en manos de voluntades débiles y menospreciamos la posibilidad de tener políticos que podrían mantener su condición humana, de respeto y credibilidad, congruencia entre verbo y acción (coherencia).
•    Cuando rechazamos la posibilidad de pertenecer a esa actividad porque estamos convencidos de la imposibilidad del diálogo.
•    Cuando la curiosidad de ser turista se convierte en la urgencia de emigrar y vivir con dignidad aunque implique estrechez pero no peligro.
•    Cuando nos molestamos y sabemos que gritar ¡BASTA! no es suficiente dentro del país y debemos cambiar el discurso repetitivo de la queja por la capacidad de hablar y prepararnos para nuevas realidades.
•    Cuando sabemos que necesitamos poner distancia entre la desesperanza, su origen y nuestra salud mental.
•    Cuando sabemos que sabremos reflexionar y explicarnos a nosotros y luego a otros qué sucedió que nos hizo emigrar y sabemos que existe un vínculo central que persiste en nosotros hasta que futuras generaciones nacidas en otros lugares conozcan nuestras historias personales y su corazón entienda al nuestro aunque pertenezca a otras latitudes.
•    Cuando recordemos con gratitud el país que dejamos y quizás volvamos algún día y en alguna visita lo veamos como opción válida.
•    Cuando podamos cambiar la rabia y festejar con la copa en alto ¡Por la Vida!

No es posible emigrar solamente con el CUÁNDO y el PORQUÉ. Faltan el Dónde, el Cómo, el Con-Quién/Quiénes, el Con-Qué, por fuera y, sobre todo, por dentro.

Si decidimos emigrar a la nueva realidad en la que se transformó el país, diferente radicalmente al que conocimos, también decimos “Desde Ahora me quedo en este Nuevo País, al cual Decido Pertenecer y Mirar hacia Adelante Acá y no Allá. Es aquí donde tengo el mundo que Conozco y al cual Pertenezco. Aquí está mi Pasado con sus problemas presentes y mi Futuro con sus Opciones esperándome. Me quejaré Acá y no Allá. Haré Acá y no Allá. Resolveré Ser, Hacer, Tolerar, Ayudar, Perseverar. Como lo hicieron y hacen otros, Allá y Aquí también”.

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