Emigramos porque queremos tener una oportunidad de vivir sin miedo


¿Por qué emigramos? Las respuestas automáticas son: inseguridad personal y jurídica, violencia, problemas económicos, brindar oportunidades a nuestros descendientes que no existen en el país, visión pesimista del futuro, más aún si nuestra edad avanza hacia el retiro, voluntario o no.
Por Dr. Harry Czechowicz

Las verdaderas respuestas tienen que ver con la necesidad de oxígeno, de respirar un aire que permita vivir y aspirar a otras realidades con libertad de escoger. Y así dejar atrás el miedo que se acumula con cada evento amenazante hasta quitarnos la libertad de pensar y actuar. Por eso nos vamos. Porque el temor ocupa de tal manera nuestra mente que nos paraliza más allá de lo imaginable. Se dice que el miedo paraliza o moviliza. El problema está en que las movilizaciones para salir del miedo se parecen a impulsos en búsqueda de alivio, pero no tienen el espacio ni el tiempo para analizar, programar, consultar y organizar un movimiento migratorio. Es la huida de una percepción de emergencia constante, de hipervigilancia ante posibles peligros reales o imaginarios.

Todo esto tiene un efecto nocivo sobre nuestra salud física, psicológica, emocional y espiritual. Pensamos que cualquier inconveniente que produzca debilitamiento en estos vectores nos limitará en forma de enfermedades físicas, depresiones, estados de pánico o pérdida de la motivación para tomar decisiones importantes como emigrar.

Cerramos esa opción alegando que en todos los países existen problemas, así que es preferible amoldarse a lo que hay. Comenzamos a morir por dentro, lentamente, indignamente, resignadamente.
Si bien el hecho de tener medios económicos es importante para emigrar, debemos recordar que las grandes migraciones ocurren sin ese recurso que nos brinda movilidad pero que no garantiza la felicidad. Hay que aprender a disfrutar del olor de un oxígeno diferente por un buen rato para saber que existe. Y que los problemas en esas culturas son percibidos como serios por sus ciudadanos.

Por grotesco que parezca, la hipervigilancia y el temor en que la gente se acostumbra a vivir se parecen a un campo de prisioneros, con oxígeno con olor a gas tóxico.
Emigramos porque queremos tener una oportunidad de vivir sin miedo ni opciones. Porque ese oxígeno huele a libertad. Nos vamos para no morir en silencio. El resto es carpintería y para eso buscamos quién nos ayude. Brindamos por la vida, no por las excusas que nos son cómodas.

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