Aceptar nuestra cotidianidad donde nos toque vivirla

Aceptación: Necesitamos aceptar nuestra cotidianidad donde nos toque vivirla. No significa estar de acuerdo con muchas de las cosas que suceden, sino entender que en la vida de cada quien puede llover pero que también luego saldrá el sol.
Por Harry Czechowicz





Esa lluvia puede tener formas variadas, como enfermedades, dictaduras, dificultades económicas, desamor o tantas otras situaciones adversas. Así, el término aceptación tiene que ver con asumir que, en cualquier caso, lloverá y luego saldrá el sol, y que esa experiencia nos brindó una oportunidad de aprendizaje y de crecimiento.

Ellen Louise Sutherland, en su libro At Your Heart's Pace: An Offering of Essential Spiritual Exercises, (Heartspace Books, 2010), propone una serie de ejercicios de crecimiento espiritual que trabajan con emociones, tanto positivas como negativas.

La autora habla sobre la idea de surrender, cuyo significado es rendición. Sin embargo, más que rendirse significa en este caso “entrega”, en el mejor sentido. La actitud de entrega genera acciones o actividades carentes de resistencia, dudas o temores. Desde el punto de vista espiritual, entregarse no tiene que ver con derrota, pasividad o renuncia, sino que refleja un estado de humildad perfecta, una presunción de no saberlo todo.

Cuando creemos saber acerca de algo, ese conocimiento se retiene como información, o creencia dentro de la mente, y puede actuar a veces como una barricada ante una nueva información que, justamente por ser nueva, amenaza nuestras creencias. Así, nos ponemos a la defensiva pues tratamos de proteger nuestras ideas sin revisar lo nuevo.

Por eso, la idea de “entregarse” se parece a un cardumen de peces nadando al unísono, o a una bandada de aves que surcan el cielo en perfecta armonía. Bostezar, dejar caerse en el sueño, estirarse o nadar son también ejemplos de esa forma de entrega.

Este concepto cobra importancia cuando asumimos que nuestras creencias son la verdad y
superan 'lo que es' con lo 'que creemos'. Si la puerta dice 'empuja', nosotros la halamos de vuelta. Eso puede resultar en un patrón de resistencia en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana y en una fuente de conflicto ante otros que defienden a la vez sus ideas. Nadie cede pero todos se distancian, molestos porque otros halan la puerta.

Y sin embargo,  también podríamos haber empujado suavemente la puerta para averiguar y descubrir realidades que están allí; realidades que podíamos haber entendido ahorrándonos así mucho malestar. Al empujar suavemente la puerta podíamos haber encontrado, al fin, una suerte de regalo al cual entregarnos para comparar, entender y crecer con apertura y menor resistencia.

Adquirir "verdades" es un evento tan instantáneo que olvidamos cómo lo escogimos y le dimos permiso para controlar nuestras vidas. Olvidamos revisar esas informaciones y las integramos a nuestros pensamientos. A veces podemos caer en cuenta, de repente, de este error y corregir a tiempo.

Nos detenemos y damos un paso atrás. Ese acto de “caer en cuenta” que nos permite abandonar conceptos tóxicos y asumir lo mejor.

Hace falta humildad para poder practicar estas correcciones que nos conducen al aprendizaje de “soltar” en lugar de “retener”.

La práctica de este concepto definitivamente resulta beneficiosa. Hay que aprender a Ganar perdiendo; aprender a Tener la razón y aceptar Lo Que Es. Estar en el aquí y en el ahora. Hay que aprender a contemplar más y evaluar menos. Así se ayudará a descansar de la carrera de la constante preocupación y desgaste.

Regálese la práctica frecuente de este hábito. Lea este artículo de nuevo, entregándose sin temor a su contenido. Bienvenido/a a la tranquilidad.

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