¿Estás deprimido? ¡Piensa en positivo!

Fácil, ¿no? De decir quizás sí pero contraproducente para alguien que está deprimido. 
Por: Sonia Peña-Czechowicz 

 CBSNewsandHealth.com publicó un artículo sobre estudios que han demostrado que una persona con depresión o ansiedad aguda, al forzar en su mente el pensamiento positivo, activa su amígdala cerebral. Esa con forma de almendra que no tiene nada que ver con las amígdalas de la garganta. Daniel Goleman, padre de la inteligencia emocional, la denomina “La sede de todas las pasiones y temores”. Es, además, la encargada de impulsar la secreción de dosis masivas de la hormona que aumenta la reactividad y pone al cerebro en estado de alerta. De manera que el mapa mental de esta persona no le permite vibrar en esa frecuencia aunque quiera. No es poca cosa. Para mí ha sido un hallazgo muy valioso ya que me ha ayudado a reencuadrarme para no poner la situación aún más delicada de lo que se encuentra.

Habiendo escrito sobre Psicología Positiva en nuestro libro Inteligencia Migratoria: ¿Me quedo o me voy? debo confesar que al ir investigando sobre el tema lo fui entendiendo cada vez más en su esencia. Sin ser psicóloga, me planteé la psicología como una línea recta a manera de escala. El centro sería digamos el cero (no creo que sea propio utilizar el término neutro). A la izquierda se encuentra la psicología tradicional que interviene desde la perspectiva de la enfermedad o malestar y a la derecha la psicología positiva que lo hace desde el bienestar. Visto así es más fácil entender la complementariedad que existe entre ambos enfoques.

Sin embargo, siempre me quedaba con una interrogante: ¿Por qué es tan difícil sintonizar del lado positivo del dial a alguien que se encuentra en el lado izquierdo de la escala descrita arriba? Por fin tengo una respuesta que tiene todo el sentido gracias a lo comentado en el primer párrafo. Funciona como la mayoría de las cosas: primero hay que caminar para luego poder correr y, después de un tropiezo o dificultad, probablemente necesitemos más ayuda.

Entonces viene otra pregunta -nunca faltan- ¿Las personas deprimidas tienen menos capacidad de disfrute que las personas más positivas?  En realidad no. Y si rescatamos lo bueno aquí escondido, según Nathan A. Heflick en un artículo para Psychology Today, la persona deprimida experimenta una mayor reducción en el estado de ánimo negativo cuando se produce cada experiencia positiva. Pero como la depresión tiene un sistema de drenaje con mayores fugas que el de una persona clasificada como feliz, entonces la duración será mucho más efímera. Es decir se acorta el espacio que nos separa del cero pero el efecto es menos perdurable. La idea sería intentar avanzar hasta ese centro de la escala para que entonces nuestras respuestas se puedan sincronizar mejor con lo positivo y podamos disfrutarlas en todos sus matices.

¿Por qué incluyo este tema si regularmente escribo sobre Inteligencia Migratoria? Porque emigrar es un viaje sin garantías que conviene emprender muy bien preparado. Y hay altas probabilidades que una parte de este viaje nos confronte con la depresión. Leve, moderada o severa dependiendo de la experiencia migratoria. Ya está descrito en el Trastorno Afectivo Migratorio sobre el cual tenemos una extensa explicación en el libro. Por eso, cuando alguien querido esté del lado menos alentador de la línea, espero que puedas recordar el título y el primer párrafo de este artículo. Si piensas apoyarlo y decides regalarle un momento amable, mejor regálale dos.

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