Verónica también se va

Verónica se va de Venezuela. Cambiará aguinaldos por villancicos de otras regiones. Asistirá a otras fiestas, pero ya no serán las fiestas de los panas, de esos que no necesitan explicaciones, porque conocen todo y entienden todo.
Por Carolina Jaimes Branger @cjaimesb


Se llama Verónica, pero podría llamarse Ana, Luisa, Javier, Andrés… Verónica se va de Venezuela. Va a engrosar la lista de emigrantes venezolanos, como ya se ha hecho usual.

Verónica se va de Venezuela. Ella es una profesional estupenda. Y además es docente. ¡Se están yendo nuestros docentes buenos! Está en sus tempranos cuarenta, la edad más productiva. Llegará a otro país a sembrar lo que aquí no pudo sembrar, a cosechar lo que merece cosechar porque se lo gana honestamente, no como el régimen quiere hacer ver, que lo que alguien tiene es porque se lo quitó a otro… En el país donde va no hay esos complejos ni resentimientos. La gente trabaja duro y su esfuerzo se ve recompensado. Y ya no tendrá que preocuparse de que los puedan secuestrar, ni vivir con la rabia y la impotencia de estar bajándose de la mula con cada inspector de los organismos públicos que les llega a fiscalizar el negocio de su marido.

Verónica se va de Venezuela. Sus hijos se adaptarán al nuevo país, cantarán otro himno en la escuela y tendrán otras costumbres. Y aunque Vero empacó su bandera tricolor con estrellas, cada vez les será más ajena. Venezuela será una vaga referencia en sus vidas, unas hallacas en diciembre, unas arepas en los desayunos de los sábados, un sobresalto en el estómago de sus padres cuando llegan las noticias.

Verónica se va de Venezuela. Se cansó de luchar, se cansó de tanta mediocridad, se cansó de sentirse culpable por tener un modo de vida cómodo, se cansó de esperar que las cosas cambien. Y es que aún cuando haya un cambio de gobierno, Verónica se convenció de que tomará mucho tiempo acabar con la crisis de valores que nos arropa.

Verónica se va de Venezuela. Hará suya una historia ajena, aquélla que conoció de tantos inmigrantes que vinieron cuando Venezuela era un país adonde la gente llegaba, no de donde la gente se iba.

Se va Verónica y con ella se va una familia sana, productiva y trabajadora. Dejará a su mamá con cuatro puestos menos en la mesa de los domingos y a sus hijos sin la alegría que significa tener abuelos.

Se va Verónica. Ya algunas de sus amigas se han ido. Han cambiado el café y la conversa rica por sesiones de Skype en grupo, para no sentirse que están tan lejos, que no están tan solas, que no son tan forasteras.

Verónica se va de Venezuela. Y con ella se va un pedacito de país. Del país que se niega a morir, pero del que se muere una parte cada vez que alguien se va. Como tantos otros emigrantes, dejará enterrado su corazón aquí, porque el corazón se queda donde uno nació, donde dio sus primeros pasos, donde se aprendió a leer, donde ocurrió el primer enamoramiento, donde se dio el primer beso.

Verónica se va de Venezuela. Cambiará aguinaldos por villancicos de otras regiones. Asistirá a otras fiestas, pero ya no serán las fiestas de los panas, de esos que no necesitan explicaciones, porque conocen todo y entienden todo.

Verónica se va de Venezuela. Con pasaje de ida y sin pasaje de vuelta. No quiere regresar para tener que volver a despedirse, porque los venezolanos no sabemos cómo despedirnos. Si hasta lo dice un maravilloso joropo: “por si acaso yo no vuelvo, me despido a la llanera… despedirme no quisiera, porque no encuentro manera”.

Fuente: http://elestimulo.com/blog/veronica-tambien-se-va/

Comentarios

  1. Verónica tampoco se va
    Porque es terca, siempre lo fue. Verónica se queda, a pesar de que su grupo de entrañables decidieron lo contrario. Fue su decisión de vida. Optó por darle una oportunidad a la historia de su Venezuela. A ese hermoso país que le dió tanto, por tanto tiempo. Que le dió su manera de caminar, de hablar, de respirar, que le dió su manera de ser.
    Ahora, que está herida de muerte por la tragedia en la que agoniza, no la deja, no quiere salir de ese oscuro pasillo previo al depósito de cadáveres de una helada morgue. Se niega. No la va a abandonar. Verónica quiere estar allí para cuando la necesiten para una transfusión, para unos golpes en su corazón detenido o de sus pulmones para darle respiración boca boca.
    Verónica sabe que Venezuela no va a morir y que cuando se vaya el tumor que la postra, contará con muchos, que como Verónica, la enseñarán de nuevo a caminar, a hablar, a cantar, para mostrarle al mundo su asombrosa recuperación y enorme y próspero futuro del que todos seremos testigos.
    Verónica por eso, nunca cambió sus aguinaldos por villancicos de otrs regiones...

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    1. Hermosa y esperanzadora reflexión

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    2. No hay mejor palabras para rectificar de que estamos hechos y lo que somos... por eso Verónica se queda

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    3. Ánimo a todas las Verónicas que se quedan. Antes lo fácil parecía ser quedarse en Venezuela con lo problemas que habían. Ahora la balanza se igualó, cualquiera de las dos me parece una dificil decisión.
      Yo no creo que vuelva, pero espero que queden muchas Verónicas en Venezuela y que dentro de 20 años pueda enseñarle con orgullo mi país a mi hijo

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  2. Todos los paises pasan por épocas malas - y a veces esas épocas duran muchiiiiiiiso tiempo, como probablemente le suceda a Venezuela. Y lo peor es que esto le llego a los venezolanos porque querían un socialismo que les permitiera vivir a costa del vecino. Algo que es imposible. Tomará décadas reparar el daño, ya que la mentalidad del facilísimo tercermundista no ha cambiado. Por lo tanto, si Veronica tiene dos dedos de frente, lo mejor que puede hacer es irse y no mirar atrás....

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  3. Veronica se va porque quiere que sus Veroniquitos puedan disfrutar del dulce sabor de las manzanas, disfruten un rico cereal con leche, saboreen un buen bisteck, con rica pasta alfredo todo producto de un buen mercado hecho con un dia de trabajo y que salgan a jugar sin el temor de que los maten...

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