En Venezuela la gente siente que carece de control

No solo la gente que vive en Venezuela siente que carece de control, eso también le sucede a la gente que se va porque es casi imposible tener el control sin antes estar familiarizado con los usos y costumbres del nuevo país, el manejo del idioma y la comprensión de la cultura local. En muchos países el tiempo de inserción es de tres o cuatro años, nunca es de un día para el otro. Es el tiempo que lleva entender al país y entenderse a uno mismo en el nuevo país, por eso es tan importante mantener el entusiasmo y la determinación. Y también es importante saber que a veces ese tiempo conduce a la decisión de regresar al país de origen.
Doctor Harry Czechowicz 



Pienso que en Venezuela la gente siente que está atrapada en una sensación de inercia. En realidad no es que la gente quiera tener más sino que quiere tener suficiente para vivir: suficientes amistades, suficiente dinero, suficiente comida, suficiente tranquilidad. 

En crisis se pierde el control y además, debido a las características de nuestro gobierno, las medidas que se dicen se van a implementar, no se implementan porque no hay cómo financiarlas y se convierten en rumores. 

Hay que tratar de salir del rumor pues el rumor termina controlando la vida de las personas mucho más allá de lo que se imagina. La gente anda con el celular viendo qué pesca en las redes sociales y en el tiempo libre que le deja el celular se dedica a hablar con otras personas. El rumor forma parte de una estrategia de desinformación, pero la información, ya sea buena o mala, da la sensación de control, alimenta la esperanza o la falta de esperanza.

Nuestros pensamientos tienen mucho que ver con nuestra agenda de prioridades tenemos que pensar en cómo resolver lo inmediato; después viene resolver lo mediato, es decir el corto, mediano o largo plazo. Pero la inmediatez a la cual nos hemos acostumbrado a vivir en nuestro país hace que nuestros pensamientos no sean proyecciones de ideas a futuro sino que respondan a puras urgencias. Así, los pensamientos son urgentes y se atropellan de un modo muy parecido a como se atropellan las noticias. 

Los pensamientos urgentes tienen que ver con sobrevivencia. Los no urgentes tienen que ver con crecimiento, actitud, gratitud y dedicación a las cosas que damos por descontadas: humildad, observación. Pensar en esas cosas es un ejercicio imprescindible que no se debe posponer. Es importante no perder esa capacidad de observación porque sin ella estás todo el tiempo en reactividad, ¡como el pájaro loco! 

Conviene escribir en un papel los pensamientos que no puedo controlar pero que estoy dispuesto a reducir, porque  decir que los voy a eliminar, bueno, es demasiado ambicioso y no existe en la realidad. También hay que anotar qué estoy dispuesto a hacer para mejorar. Por ejemplo: salir al aire libre, hacer un poco de ejercicio, incluir en la agenda actividades de cuidado personal y hábitos de meditación y relajación. ¡Y hay que tener alguien con quien hablar! 

Todo esto desde luego no va a cambiar la realidad pero una buena conversación muchas veces es mejor que una medicina. Por eso hay que escoger muy bien con quién se va a hablar. Y también pensar qué cosas se está dispuesto a dejar de lado porque muchas veces la vida sin ciertas personas es más saludable.

Por otra parte, en situaciones de crisis se tiende a delegar el control de las emociones en alguien para que se encargue de ellas. Y se hace parte de una victimización diciendo “entiende que estoy mal”, pero ¡todo el mundo tiene diferentes malestares! 

Y en cuanto a pedir perdón por los errores cometidos porque las emociones negativas se habían adueñado de la persona, pues no sirve si el perdón no viene con enmienda. De lo contrario, es preferible no hacer nada y evitar que luego se tenga que pedir perdón. No pidas dinero si no lo vas a devolver, no pidas apoyo si luego vas a dar la espalda. Por que las emociones o bien nos humanizan o nos transforman en otra especie. 

En realidad, es preferible hablar de adecuación y no de control de las emociones. No controlar sino adecuar emociones y pensamientos, porque adecuar es un concepto productivo. Por ejemplo, si hace frío usamos una chaqueta y nos adecuamos al frío pero no lo controlamos. Es enfermizo pensar que uno tiene control y que uno es autosuficiente.

Desde luego que sofocar las emociones no trae ninguna ventaja. Cuando mis pacientes está muy tristes yo les pregunto si saben llorar. Es saludable practicar el llorar para tener más alivio en vez de de retener y transformar esa emoción oculta en migrañas, trastornos digestivos, hipertensión, etc. La sonrisa, esa alegría natural de la gente, muchas veces palidece porque no hay con quién compartir una sonrisa. 

¡Y cuidado con las expectativas!, hay una fórmula muy sencilla: a menores expectativas, mayor felicidad.

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