Incorporar la resiliencia a nuestra vida

Ser resiliente, o saber superar las adversidades no es algo innato. Nuestra relación con los demás y sus conductas, nos afectan de manera negativa o positiva para poder actuar con resiliencia en situaciones donde nos vemos desbordados o con mucho dolor por lo ocurrido.
Por Viki Morandeira, julio 2013 
  





Edith Groteber (1997) define cuatro fuentes interactivas de la resiliencia, que nos ayudan a salir incluso transformados y  fortalecidos, de situaciones de adversidad.


• “Yo tengo” en mi entorno social.

• “Yo soy” y “yo estoy”, hablan de las fortalezas intrapsíquicas y condiciones personales.

• “Yo puedo”, hace referencia a las habilidades personales en las relaciones con los otros

 
Tengo:

• Personas en mi entorno cercano, en quienes confío y por quienes me siento querido incondicionalmente.

• Personas que me protegen, enseñándome los  límites para que aprenda a evitar peligros.

• Personas que con su conducta, me dan ejemplo sobre  la manera correcta de proceder.

• Personas que no me sobreprotegen, sino que me impulsan a desenvolverme solo.

• Personas que cuidan de mi cuando estoy enfermo o en peligro, o cuando necesito aprender algo.

 
Soy:

• Alguien que sabe que es apreciado y amado por los demás, porque asi me lo demuestran.

• Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.

• Respetuoso de mí mismo y del prójimo.

 
Estoy:

• Dispuesto a responsabilizarme de las consecuencias de mis actos.

• Seguro de que todo saldrá bien al final, aunque de momento no esté bien.

 
Puedo:

• Expresar mis sentimientos, en especial sobre aquellas circunstancias que me asustan o me inquietan.

• Buscar múltiples maneras de resolver mis problemas.

• Responsabilizarme y frenarme cuando tengo ganas de hacer algo potencialmente peligroso o que no está bien.

• Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o actuar, sin aceptar presiones.

• Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

Cuando en nuestro entorno cercano, familiar, educativo, tenemos ejemplos de personas que nos transmiten estas enseñanzas, en lugar de dejarse hundir por las adversidades, incorporamos la resiliencia de manera natural.

En nuestra interacción con nuestra madre, se inicia la conquista de la resiliencia. Porque es desde ese momento, cuando empezamos a crear una autoestima positiva, cuando tenemos nuestras necesidades satisfechas, nos sentimos amados y amamos incondicionalmente, recibimos protección y consuelo frente a los peligros externos, conseguimos gestionar mejor y moderar nuestra angustia, que es la reacción natural e inicial frente a sucesos traumáticos. Tener una madre que nos brinde ese colchón, esa red de seguridad, nos brinda una base emocional equilibrada. Así mismo, la relación con nuestro padre, y demás cuidadores, tanto abuelos como maestros, tíos o incluso vecinos, ayudan (o dificultan) el fortalecimiento de nuestra fortaleza y capacidad para superar las adversidades.

Aunque si no hemos tenido esos ejemplos de chicos, no significa que no podamos incorporarlos siendo adultos. La Inteligencia Emocional, al igual que la resiliencia, o la autoestima, son fortalezas que pueden aprenderse, incorporarse y mejorarse a cualquier edad.

Fuente: http://coachingprotagonistas.wordpress.com/2013/07/23/como-tener-resiliencia/

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