Los abuelos viajeros

La entrega de este artículo está dedicada a todos esos abuelos silentes que padecen el proceso migratorio de sus hijos y sus nietos. Podríamos decir que la ley de vida es la separación de los hijos, y debe ser lo esperado y lo necesario, pero en realidad queda el sentimiento que la separación es porque no quedó otra opción y la emigración es consecuencia de la falta de seguridad, de la falta de empleo o del riesgo en el progreso y crecimiento familiar.
Por Kaisorak Madriz


Muchas familias o jóvenes parejas han debido dejar sus países de origen para luchar por un futuro mejor, colocando su vida en tres maletas. A los abuelos no les quedó más remedio que dejar y soltar las amarras para que la transcendencia continúe su camino y, por lo general, deben esperar meses por un reencuentro.

No obstante, el contacto se mantiene, así sea en el modelo del abuelo virtual procurando compartir con nuestras raíces el afecto. No ha de extrañarnos que pasemos horas frente a la internet o el teléfono hablando con nuestros abuelos y padres que viven en la distancia. Es común escuchar frases como:.. “La nenita está hablando con mi mamá… Tú sabes que la abuela le cuenta cuentos, de esos, viejísimos, que si tío Conejo y tío Tigre. Bueno ya tú sabes, de esos cuentos de cuando estábamos chiquitos… Si chico, la nenita allá está, hablando por internet…” Los nietos disfrutan del espacio, y se hacen virtuosos de la tecnología y los adultos procuramos llenar desde lo virtual el contacto de piel que a veces falta.
En el país de origen, surge otra dinámica, el abuelo que se queda solo ante la ausencia de la parrilla del domingo o las arepas con queso de la hija bonita. Son los abuelos que esperan, pues viajar no siempre es una opción. Los hijos y nietos pasan a ser los visitantes donde antes eran los residentes para ver y abrazar a esos padres que quedan capturados por el tiempo y la distancia.

Después de la visita, ese abuelo se quedó para compartir con otros abuelos pues lo que se volvió normal es que los hijos se le fueron y con ellos los nietos, claridad de su trascendencia. 
El abuelo quedó huérfano y la familia fragmentada por una distancia obligada que impide mantener ciertos roles de lo cotidiano que no es suplantable por el recurso virtual. En nuestra cultura esto afecta, en especial porque, en nuestro ser latino, es en la familia que se mantiene la herencia, la identidad y el sentido de los que somos. Así, el grupo ayuda a mantenerse en la distancia.

En una reunión de abuelos se encuentran estas amigas eternas:

“… María ¿y cuándo fue la última vez que supiste de Francisca? ¿Pudo viajar para ver a la prole? … Antonieta, muchacha hubieses visto cómo lleno esa maleta de chocolates, café y las chupetas que le encantan a la nieta… Andaba alborotada preparando todo… Pues, yo hablé con los míos esta mañana, esos muchachos se están poniendo preciosos, igualitos a Gerardo cuando estábamos jóvenes… qué de recuerdos… Así es, un día estamos jovencitos con los muchachitos cargados y limpiándoles de la cara los restos de mango y de un momento a otro andamos viendo cuando los encontramos otra vez pero por el Skype ese … para poder ver a los nietos…a sí es… si mija… así es…”.

Es por esto que cuando los encuentros cara a cara se propician, una dinámica importante aparece. Los abuelos viajeros se preparan y contamos con la suerte de recibirlos en el pasillo del aeropuerto. Cuánto agite implica. Los abuelos con maletas, esos que viajan de un destino al otro para poder compartir con los hijos y los nietos. Qué disfrute el contar con la mano dulce y arrugada de la abuela, con la mirada y la sonrisa silente del abuelo, el abrazo pleno de emociones que no puede ser transformado en palabras. En algunos de los casos no es tan fácil, son esos abuelos que viajan aunque el miedo a los aviones esté presente, por lo que un vasito de bebida espirituosa ayudará con los nervios del zumbido de los motores del avión. Ese vértigo que se siente cuando el avión levanta y como en la mayoría de los casos se acompaña de cuatro Padres Nuestros y cuatro Ave María para que calme tanta taquicardia, pero bien vale ese aguante pues está el consuelo de ver al hijo o la hija que se fue de casa.

En la familia se viven también procesos, se espera a este abuelo que se vuelve el visitante de una temporada decembrina o de las vacaciones de verano. Ese que después se transforma en el protagonista del hogar y se convierte en el residente temporal de una dinámica familiar que necesita recibir la herencia, una cultura, las historias de una infancia y las huellas de eso que nos hace ser quienes somos, esa historia que nos da estructura, esa, la marca de lo familiar que nos da identidad.
El abuelo es portador, sin saberlo, de una identidad necesaria para trascender, en especial, cuando se vive como inmigrante en otras tierras bajo otras culturas. Las historias, los cuentos, las recetas, los juegos, ese contacto y esa mirada que queda como huella en los diferentes integrantes de la familia. La función del abuelo no es fácil, por una parte es transmisor de una historia y por otra es testigo silente de una dinámica familiar a la que en forma directa no pertenece, por lo que la prudencia permite a cada uno ejercer sus roles. El abuelo consiente al nieto y proporciona historia y el padre cría y es quien pone los límites.

Las visitas terminan y el retorno es un hecho, para muchos se respira profundo y se bendice. Se regresa al aeropuerto con la lágrima aguantada por un adiós y un no sé si voy a volver a verte, que no se dice pero que sí se siente. Para luego pasar a programar el próximo encuentro. De los abuelos que poco se habla va hoy esta entrega, dignos de múltiples aplausos, pues hay que considerar cómo son capaces de tolerar la artrosis, la presión arterial, la angustia por la frecuencia cardíaca por más de 14 horas de vuelo, para luego reiniciar otro ciclo y con su maleta repartirse por múltiples senderos dependiendo de cuántos hijos tenga y dónde estos vivan. Finalmente, un honor y un respeto al abuelo ausente que transciende a través del relato y las historias que de él se cuentan.

Desde la posición de ser inmigrante, en general, se recomienda mantener los lazos familiares, reconectar las relaciones parentales si estas han sido difíciles, evaluar que su situación actual es diferente. En caso de mucha dificultad puede ayudar orientarse con un especialista a fin de recuperar vínculos que pueden ser sanos para usted y la familia.

Con un inmenso respeto por ustedes.

Fuente: http://noticiasmontreal.com/120702/120702los-abuelos-viajeros-entre-el-ser-visitantes-y-ser-residentesconquistando-horizontes-kaisorak-madriz/

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