Síndrome del viajero eterno o choque cultural

En general, no nos paramos a pensar sobre la sensación de tener un “hogar”. No hablo de un espacio físico como es una casa o un piso, sino de la ciudad en la que vivimos. El lugar donde al volver de vacaciones, aunque haya sido por poco tiempo, sentimos una sensación de familiaridad, seguridad y calma.
Por Cristina Pallares Danti
Psicóloga y mediadora licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona, especializada en Intervención Social, Organizacional y Educativa



Es importante para el desarrollo de la identidad personal tener un hogar, un lugar del que sentir que se forma parte.  Pero a veces por circunstancias de la vida, hay que marcharse de ese lugar y empezar una nueva vida en otro, entonces ¿Qué pasa con nuestro hogar? ¿Sigue siendo el mismo?

En estos casos suele aparecer lo que se llama, Síndrome del viajero eterno. En psicología, también es conocido como Choque cultural.

Es el impacto psicológico que tiene una persona cuando regresa a su país o ciudad de origen, después de haber vivido en un lugar distinto durante un periodo largo de tiempo. Deben enfrentarse a una readaptación, ya que la sensación que tienen es que no son de ninguna parte, no se sienten parte del lugar actual, pero al volver tampoco sienten que éste es su hogar, perciben que es distinto a lo que recordaban y ya no se sienten identificados con el. Deben aprender nuevos procesos, ya que muchas de las reglas sociales y de comportamiento han cambiado en su ausencia.

Todo esto provoca una tensión emocional y mental, que les provoca miedo, ansiedad, nostalgia…e incluso puede traducirse en sintomatología física, como dolores de cabeza, insomnio, aburrimiento, apatía, agresividad, pérdida de apetito o bien al contrario, comer, beber o limpiar compulsivamente, ataques de llanto injustificados…
Cristina Pallares Danti, psicóloga y mediadora licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona, especializada en Intervención Social, Organizacional y Educativa.

Lo curioso, es que se mezclan las ganas de volver al país de origen, por la sensación que se tiene de perder a la familia, los amigos, etc pero al llegar se siente nostalgia y ganas de volver al país actual. Es como ser de ninguna parte. Toda esta tensión psicológica puede producir afectación en la identidad personal  y en la autoestima.

Pero ¿cuáles son las causas? Conozcámoslas:

– En todas las culturas y países, existen una serie de claves culturales y pautas conocidas de forma inconsciente que nos dan sensación de pertenencia. La separación de estas, y el aprendizaje de las nuevas, hace que al volver al país de origen sientas algo parecido a lo que sentiste cuando llegaste al nuevo lugar, porque esas pautas ya no son las tuyas.

 – La ambigüedad de lo nuevo. Cuando llegamos a un nuevo lugar todo nos parece extraño, pero poco a poco vamos adaptándonos, hasta tal punto, que cuando volvemos al lugar de origen es ese el que nos parece raro y nuevo.

 – Al llegar a un nuevo lugar, nos empezamos a cuestionar valores de nuestra cultura o país que antes nos parecían del todo adecuados y normales, debido a las diferencias culturales. Este cuestionamiento al volver al país de origen, se agravan al comprobar de primera mano esas diferencias.

Pero no os preocupes viajeros, que esta sensación no dura eternamente. Veamos las fases del Choque Cultural:

– La luna de miel o euforia inicial: Durante los dos primeros meses aproximadamente, todo es novedad, la ciudad, los olores, la comida, las personas…casi no tienes tiempo de pensar en nada más, son como unas vacaciones.

– El rechazo o irritabilidad y hostilidad: la luna de miel ya ha finalizado. Lo nuevo ya no te llama la atención y empiezas a encontrarte con problemas que no tenías antes. Empiezas a comparar aquellas cosas que aquí te suponen un problema y en tu ciudad de origen ni lo tenías que pensar. La comida no está tan buena, la gente es más fría, me cuesta hacer amigos…

– La regresión: empiezas a echar de menos tu ciudad y te planteas constantemente que estás haciendo allí, porque tomaste esa decisión y que estás haciendo en un país como ese que ni siquiera es tan bueno como tú pensabas. Empiezas a idealizar tu ciudad, a recordarla como perfecta.

– La negociación o ajuste gradual: la sensación de la regresión empieza a disminuir y empiezas a recordar porque decidiste irte y con qué objetivo. Dejas de verlo todo de color tan negro y empiezas a aceptar las cosas como son: de acuerdo, la gente es fría, la comida no es tan bueno…pero es lo que hay. Te esfuerzas por aceptar esa nueva cultura en la que estas inmerso.

– La recuperación o adaptación o biculturalidad: ya estas casi adaptado al nuevo lugar y a su forma de vida. Ya conoces lo que te gusta y lo que no, así que disfrutas de lo que te gusta y evitas lo que no. Cada lugar es diferente, y esa nunca será como tu ciudad de origen, pero no hay que comparar. Te limitas a vivir.

Y aquí viajeros es cuando aparece esa sensación…

– El choque cultural reverso: Vuelves a tu país y las cosas no son lo que eran. Lo habías idealizado tanto, que solo recordabas las cosas buenas. Tu país sigue igual, pero tú tienes la sensación de haber cambiado. Ya no te sientes tan cómodo en lo que era tu “casa” y ahora lo que idealizas es el nuevo lugar. Tienes ganas de volver allí. Sientes que no eres ni de aquí ni de allí, de ninguna parte.

Pero no os preocupéis, como he dicho esta sensación no dura para siempre. Veamos ahora algunas formas de minimizar o llevar mejor el choque cultural:

– Intentar conocer al máximo ese nuevo lugar. Contra más información tengamos, más sensación de pertenencia tendremos.

– Buscar conscientemente razones lógicas para lo que nos parece extraño, confuso o amenazante, tanto en la nueva cultura como al volver al país de origen.

– No despreciar la nueva cultura o sus actitudes. Eso hace que idealicemos aún más nuestra cultura y vayamos olvidando sus cosas malas. Cada lugar es diferente y tiene cosas positivas y negativas.

– Esperar y buscar una experiencia positiva de cada situación. Aunque es difícil debemos limitarnos a vivir la experiencia y a sacar el máximo provecho de ella.

– Ser consciente de que estás viviendo un cambio emocional y físico. Y que al volver al lugar de origen te sucederá eso. El darle consciencia y que no sea una sorpresa minimiza los efectos.

– Canaliza esa sensación de forma positiva. En lugar de llorar, vete a comer con tus amigos/as a una terraza al sol y ríete durante horas, vete de compras o a pasear, disfruta de tu ciudad de origen y reencuéntrate con ella.

Finalmente recordar, que esa sensación no durará para siempre, o bien os volveréis a sentir de vuestra ciudad de origen si os quedáis, o bien vuestra identidad de pertenencia viajará con vosotros al nuevo lugar.

Fuente: https://psicotip.wordpress.com/quien-soy/

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