El cuerpo del miedo

Por Ana Muñoz
En su libro Calming your anxious mind (calma tu mente ansiosa), Jeffrey Brantley utiliza la expresión "el cuerpo del miedo" para referirse a una especie de trance en el que a veces podemos vivir. El cuerpo del miedo tiene su propia bioquímica y su propia inteligencia, y se perpetua mediante pensamientos, emociones y conductas automáticas (hábitos).



El cuerpo del miedo tiene base mental
 El maestro de meditación Eckart Tolle lo llama el cuerpo del dolor y lo define como energía vital atrapada que puede convertirse en nuestra identidad y causarnos dolor mientras no seamos conscientes de su existencia.
Si estamos ansiosos o asustados con frecuencia, el miedo o ansiedad activan una serie de mecanismos fisiológicos que se convierten en nuestro estado habitual, formando así el cuerpo del miedo. Con el tiempo, nos acabamos habituando a estos estados emocionales activados por el miedo, la ansiedad o cualquier otro estado negativo.
La neurocientífica Candace Pert explica que tenemos una inteligencia adaptativa que dirige todos los sistemas corporales y estimula la conducta. Nos volvemos adictos a sustancias como la heroína o marihuana porque nuestros cuerpos tienen receptores para estas sustancias. Mediante un mecanismo similar, explica Pert, también nos podemos volver adictos a nuestros estados emocionales, positivos o negativos, porque nuestros cuerpos tienen receptores para los productos químicos (péptidos) que las emociones producen. Ella llama a estos péptidos las moléculas de las emociones. Así, nos habituamos a ciertos estados emocionales como el miedo o la ansiedad y necesitamos producir los mismos pensamientos y emociones una y otra vez para darle al cuerpo los péptidos a los que se ha habituado. Es decir, podemos hacernos adictos al miedo, la ansiedad, la depresión, el autodesprecio, etc.

Las ideas de Pert no están demostradas científicamente ni reconocidas por la comunidad científica en general, pero independientemente de que creamos o no en la existencia de las moléculas de las emociones, es indudable que todos nos sentimos más cómodos rodeados de aquello que nos resulta familiar.
Si siempre has sentido miedo, o ansiedad, o tristeza, o soledad, ese estado es familiar para ti y, aunque una parte de ti desea que desaparezca, otra parte se ve impulsada hacia esas emociones que se han convertido en hábitos. Por ejemplo, si te has acostumbrado a salir de noche todos los sábados, parecerá que se hunde el mundo si un sábado debes quedarte en casa, pero si empiezas a quedarte en casa todos los sábados, llegará un sábado en que te des cuenta de que ya no deseas salir. Tu cuerpo se ha habituado a algo diferente.
Pero el cerebro puede cambiar durante toda la vida, y las emociones y pensamientos influyen en ese proceso de cambio, siendo capaces de modificar nuestro cerebro. Como han demostrado las investigaciones del doctor Richard Davison, de la universidad de Wisconsin, nuestros cerebros cambian en función de cómo los usamos. Los estados mentales y emocionales a los que prestamos más atención cambian nuestros cerebros para que experimentemos más veces esos estados. Es decir, "nuestras mentes cambian nuestros cerebros para dar expresión a lo que nuestras mentes quieren o a lo que se han acostumbrado."

El problema surge cuando nos habituamos a estados emocionales que nos perjudican y nos sentimos tan identificados con ellos que parece que es así como somos; entonces decimos: soy tímido, no me gusta salir, soy ciclotímico, soy ansioso… No obstante, la próxima vez que digas algo así, párate un momento a pensar y pregúntate: "¿Es eso lo que realmente soy o simplemente es algo a lo que me he habituado? ¿Y si decido habituarme a algo diferente?

Fuente: http://motivacion.about.com/od/superacion/a/El-Cuerpo-Del-Miedo.htm

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