Cuando las emociones no dejan vivir


El trastorno de ansiedad es cada vez más frecuente. Se caracteriza por preocupaciones exageradas, temores extremos y algunos síntomas físicos como insomnio y dolores de cabeza. Un psiquiatra explica cómo reconocerlo y abordarlo. Temor, tensión y preocupaciones excesivas que afectan la vida cotidiana pueden ser síntomas de trastorno de ansiedad, un problema que los clínicos, psicólogos y psiquiatras ven cada vez con más frecuencia en el ámbito de sus consultorios.


Aunque suele ser más usual después de los 30 años no es raro que se presente en personas mucho más jóvenes. Aunque la ansiedad es un signo común de esta época asociado a la rapidez, las cargas laborales extremas y la autoexigencia, en ocasiones se trata de una enfermedad que merece atención especializada ¿Cuándo es necesario consultar a un médico? ¿Es un problema de salud de jerarquía? ¿Exige tratamiento inmediato?
El médico psiquiatra Ernesto Rathge, director de Red Psicoterapéutica, explica las causas y consecuencias de este trastorno que tiene numerosas formas de presentarse, y que advertido a tiempo puede controlarse.

— ¿A qué se llama trastorno de ansiedad?
— Es una situación de malestar psíquico más o menos permanente por la que atraviesa una persona que pasa su día llena de preocupaciones y tensiones exageradas, incluso cuando no hay nada evidente que las provoque. La persona, hombre o mujer, suele vislumbrar desastres laborales, económicos, afectivos y/o de salud cuando no necesariamente van a ocurrir o cuando con estrategias adecuadas pueden prevenirse o resolverse. Michel de Montaigne, filósofo francés del siglo XVI, lo expresaba claramente al decir: "He padecido en la vida tremendas desgracias, la mayoría de las cuales, ni siquiera ocurrieron".
Las personas con estas problemáticas suelen relatar gran dificultad para relajarse, trastornos del sueño, dolores de cabeza, irritabilidad, sudoración, mareos, acaloramientos y sensación de falta de aire, entre otros. Por supuesto hay diversos grados de intensidad y la singularidad de cada persona es lo que cuenta. A veces aparece el miedo más o menos concretizado en algo y la psiquiatría llama a esto fobia, que las hay de variados tipos. En estos casos predominan actitudes de evitación e inhibición. También los trastornos obsesivo compulsivo o por estrés postraumáticos se describen como modos específicos del trastorno por ansiedad.

—Una persona que se reconoce como ansiosa (o que es así calificada por los demás) ¿tiene un trastorno de ansiedad necesariamente?
Conviene ser prudente en el uso de los diagnósticos en salud mental. Porque mal utilizados, clasifican y califican, y así estigmatizan. No es bueno decir que tal persona es una cosa u otra: "un ansioso", "un depresivo", "una histérica", "un obsesivo". Son casi formas insultantes de referirse al otro.Y no sirven. El criterio clave pasa por saber si la persona siente que ese modo en el que está discurriendo su existencia acarrea para sí y para las personas que la rodean un razonable bienestar o niveles no admisibles de malestar. Esto puede reflexionarse de un modo serio en el contexto de una entrevista profesional.

— ¿A qué edad se puede padecer el trastorno de ansiedad? ¿Hay ciertas características comunes a quienes lo padecen?
— La "estrategia de vida ansiosa", por así llamarla, se perfila en la infancia o adolescencia porque son modos aprendidos de adultos que no aciertan a serenarse a sí mismos y por lo tanto tampoco pueden serenar al niño o al joven. En general aparece como motivo de consulta en la juventud o en la adultez. Se dice que es predominante en el sexo femenino. Pero creo que las mujeres son más sensibles a los problemas y están más dispuestas a pedir ayuda, a consultar. Esto puede, entonces, hacerlas aparecer como más afectadas. En los últimos años este tipo de problema se visualiza con más frecuencia. Quizás estemos mejor dispuestos todos a reconocer nuestros problemas emocionales y las ciencias de la salud a aceptarlos como problemas ciertos que merecen diagnóstico y tratamiento.

— ¿Es más frecuente entre las personas de determinado estrato socioeconómico?
—No creo que haya diferencias según clase sociales. Sí, diferentes formas de buscar soluciones y diferentes recursos para hacerlo.

— ¿Influyen los antecedentes familiares o las historias de vida particularmente duras?
—Los elementos comunes son muy generales y permiten elaborar diagnósticos al estilo de la medicina tradicional. Los factores hereditarios son más declamados que constatados. Seguramente hay una fuerte impronta familiar en el aprendizaje de las maneras en que las personas afrontan las situaciones que su vivir les plantea. La familia es fuente de serenidad o de intranquilidad. De allí la importancia crucial que tiene para la salud mental el modo en que los padres crían a sus niños. Como los quieren y como los educan. Las historias de vida difíciles puede tener que ver sin duda. Pero son los modos de afrontamiento aprendidos o por aprender, los que hacen la diferencia.
Por último, la cultura en la que vivimos tiene acentuados aspectos ansiogénicos. La inmediatez, la rapidez con la que se desea que todo ocurra, la falta de la pausa que conecte con la interioridad de cada uno favorecen el desarrollo de las modalidades ansiosas. Aunque no debe olvidarse que la cultura no es ajena a cada uno. La producimos entre todos.

—Una persona con trastorno de ansiedad ¿se puede a la vez deprimir?
—Vivimos siempre en el presente. Y cuando a ese presente se lo invade excesivamente con vivencias del pasado, con las pérdidas, uno puede entristecerse más de la cuenta. Y hasta es posible deprimirse. Cuando es el futuro el que invade en demasía nuestro presente, cuando el registro de “lo que puede pasar” es muy intenso, predomina la ansiedad y eventualmente el miedo. Lo cierto es que tristeza y ansiedad son las dos cabeceras de una mala avenida. En ese sentido se relacionan y a veces coexisten.

—¿Cuándo es conveniente hacer una consulta médica? ¿Hay que recurrir al psiquiatra, al psicólogo, al clínico?
—La consulta clínica siempre es conveniente porque conviene aclarar si el malestar que se registra no puede estar relacionado con una problemática orgánica. Por ejemplo, algunas enfermedades del corazón o de las glándulas tiroideas generan síntomas que pueden confundirse con trastornos por ansiedad. También algunos fármacos pueden originar algo de todo esto. Chequeado esto, el tratamiento es específico de los profesionales de la salud mental, psiquiatras o psicólogos. A ellos, en definitiva, debe consultarse. Y tiene dos aspectos básicos. Uno, insoslayable, la psicoterapia.
El otro de gran ayuda, pero no imprescindible es la psicofármaco terapia. Los psicofármacos pueden ser de gran ayuda si se los piensa como una forma de aliviar los síntomas que permita abordar un proceso reflexivo. Si se está muy ansioso es difícil pensar bien. Por tanto habrá casos en que la medicación es ineludible y siempre deberá estar indicada y controlada por un profesional capacitado.
También hay otras formas de atenuar los síntomas de ansiedad que tienen la ventaja de proveer otros aprendizajes. Por ejemplo algunas formas de gimnasia, técnicas de relajación y masajes, respiración.
La psicoterapia admite diversas perspectivas y la persona no sólo puede a través de ella mejorar sus síntomas sino encontrar nuevas formas de hacer en la vida que mejoren y potencien su existencia toda. Pienso que en las psicoterapias integrativas focalizadas existe un eficaz instrumento de intervención.Creemos que si uno comprende más acerca de la singularidad de su existencia en el marco de un proceso de reflexión asistida, como puede pensarse la psicoterapia en sus diversas líneas teóricas, las posibilidades de acceder a mayores niveles de bienestar se acrecientan.

—¿Se pueden superar o curar este tipo de trastornos?
—Sí. Además, las crisis existenciales que llevan a la consulta pueden ser una oportunidad para lograr vivir mejor.

fuente: http://www.lacapital.com.ar/informacion-gral/Trastorno-de-ansiedad-cuando-las-emociones-no-dejan-vivir-20130127-0006.html

Comentarios

Entradas populares de este blog

Elogio de la esperanza

Migrar, vivir, morir, revivir

"Para irse de Venezuela hay que ser muy valiente", Laureano Márquez