Cuando la migración de retorno fracasa
por Harry Czechowicz No conocían bien el país al cual emigraron, tenían problemas económicos, sufrieron a causa de falta de trabajo por períodos prolongados. Además, había usos y costumbres que no entendían y los hacían sentirse excluidos, como que la gente no los saludaba o que percibían que la condición de extranjeros producía un recelo y prejuicios particulares, sin distinguir que cada inmigrante era un ciudadano en su país de origen y traían bienes y fortunas, capacidades y esperanzas y una necesidad común de sentirse gradualmente aceptados hasta sentir que podían llamar a su destino, “hogar”. Un país donde los demás connacionales les decían que era cuestión de pocos años acostumbrarse, que debían pagar su cuota de sacrificio, que debían ser pacientes y aceptar el empeoramiento de su calidad de vida, tratar de mimetizarse, intentar parecerse, sin ser auténtica la intención, a la sociedad que los recibía en su seno, aunque fuera en el borde de la periferia de ese lugar ...