Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como venezolanos en Canadá

Lo que el invierno me ha enseñado

Imagen
Ahora que mi tercer invierno termina, puedo hacer una lista preliminar de lo que el invierno montrealés me ha enseñado, o me ha ayudado a recordar. Por Rafael Osío Cabrices* * Periodista y escritor venezolano residente en Montreal Montreal en invierno. Foto: MariamS, Pixabay Quejarse es inútil. Contra el clima no puedes hacer nada sino adaptarte. Aprender de los locales: de cómo se abrigan cuando hace frío (o cómo dejan de usar pantalones largos cuando hace calor, en el verano). Tomar consejos, de quienes tienen experiencia, pero luego moderarlos según tus propias circunstancias y gustos. Sufrir porque hace demasiado frío o porque ya es noche cerrada a las 4 y 15 de la tarde es perder energía y resistirse a aceptar tu circunstancia. Mucho mejor es invertir esa energía en hacerte más resistente. Eres más fuerte de lo que crees. Cuando no has vivido tu primer invierno, te preguntas cómo te irá con él, cómo te defenderás de él, tú que vienes de la resolana que enceguece...

Desde otro planeta. IV, final

Imagen
Una crónica tangencial de mis primeros 6 meses como emigrante Rafel Osío Cabrices, agosto-noviembre de 2014. Venezuela ¿Cómo hablar de esto? ¿Cómo escribir de esto? No olvido. Me esfuerzo por no olvidar. Recuerdo. Recuerdo cuando Harrys Salswach me advirtió que también podía pasar que ellos ganaran. Cuando Ricardo Sucre me dijo que esa Venezuela amable en la que nos criamos no volverá. Cuando Harry Czechowicz me explicó que reemplazaron la República de Venezuela por otro país, la República Bolivariana de Venezuela, con nosotros dentro. Mientras recuerdo, me hago preguntas. Entre ellas, ¿agradeceremos alguna vez al chavismo el habernos dado el pretexto para decidirnos a emigrar? ¿Lo hubiéramos hecho sin Chávez? “Canadiense de origen venezolano”. Es el epíteto políticamente correcto que adquiriré para mí, junto con mi esposa y mi hija, si nos establecemos aquí. Entre tanto, ¿hasta qué punto podremos romper con Venezuela? ¿Hasta qué punto querremos hacerlo? No romperemos con person...

Desde otro planeta. II

Imagen
Una crónica tangencial de mis primeros 6 meses como emigrante Rafel Osío Cabrices, agosto-noviembre de 2014 El equipaje demasiado ligero, el equipaje demasiado pesado. “Al venirse aquí, uno sabe que tiene que retroceder antes de poder avanzar”, dice Gustavo Monsalvo, mi amigo barranquillero del curso de francés. “Los primeros años son duros, sobre todo los primeros meses”, me dicen los amigos venezolanos en Montreal, Toronto y Vancouver.  Supongo que la mayoría de los inmigrantes, sobre todo los refugiados políticos, arriban a Canadá “con una mano adelante y otra atrás”, como dice el viejo cliché de los relatos de la emigración a Venezuela. Nosotros llegamos con poco más de lo que el país nos exigía tener en una cuenta para permitirnos la entrada como trabajadores calificados, y cuatro maletas; un conjunto de circunstancias nos obligó a dejar en Caracas casi todo lo que tenemos y a comprar aquí lo indispensable, lo que con una bebé significa una lista de cierta extensión....

Al inicio todo era maravilloso...

Imagen
Testimonio de una venezolana en Canadá.  Fragmento tomado del libro: Inteligencia Migratoria. ¿Me quedo o me voy? Ediciones B, Venezuela, 2013  Al inicio todo era maravilloso y constantemente veía solo las cosas buenas para no atraer la negatividad. El cambio de idioma fue importante e inclusive el clima con los horarios. Me agradaba poder salir sin preocupación por mi seguridad personal y el desarrollo evidente en aspectos limitados en mi país. Constantemente tenía que estar al día porque todo era nuevo y había mucho que aprender. Una vez que eres inmigrante comienza el camino y, lamentablemente, uno tiene que pasar por otra puerta diferente y comenzar con muchas regulaciones, pre-requisitos, comprobantes, documentos nuevos... Eres un desconocido que quiere pertenecer y, por mucho esfuerzo que se haga, para todo tenía que volver a empezar. Solo el tiempo aclara tu identidad. Aquí empezaba mi descontento de nuevo… definitivamente el huir de una situación no era garantí...