Voces de Venezuela
Dos maleficios añadidos de la emigración forzosa son la invisibilidad y el silencio. En el país de acogida, o de llegada, por decirlo más neutro, el emigrado forzoso suele ser invisible para los nativos, a no ser que por su número o por su pobreza llegue a percibirse como una molestia. Por Antonio Muñoz Molina. El País, España Antonio Muñoz Molina Salvo excepciones, ha llegado a toda prisa, sin contactos, sin un contrato de trabajo, sin perspectivas de que su cualificación profesional sea reconocida. El emigrado forzoso muchas veces es un emigrado fugitivo, que salió huyendo con lo poco que tenía a mano, con poco más que unas cuantas direcciones y contactos de compatriotas que lo precedieron en la huida. Y una mudez repentina agranda la invisibilidad. El emigrado puede no hablar el idioma del país de acogida, o hablarlo tan defectuosamente que sus posibilidades de comunicación son tan escasas como las de trabajo. La elocuencia que tuvo en su vida anterior, la que todos ...