Los adioses

Cuando suceden los adioses porque la gente migra, o se muda, o se enferma y dice adiós a su salud física o mental, si la gente practicara agradecer antes de de despedirse sentiría mucho más el valor de lo vivido en vez de vivir un drama. Porque los adioses no son un drama sino una oportunidad para valorar el tiempo en que se ha compartido una experiencia. 
Por Dr. Harry Czechowicz


Sin duda uno valora las cosas cuando las pierde por un tiempo. En el país, por ejemplo, se valora más la libertad más desde que se siente que la estamos perdiendo. 

Cuando suceden los adioses porque la gente migra, o se muda, o se enferma y dice adiós a su salud física o mental, si la gente practicara agradecer antes de de despedirse sentiría mucho más el valor de lo vivido en vez de vivir un drama. Porque los adioses no son un drama sino una oportunidad para valorar el tiempo en que se ha compartido una experiencia. 

Pero la gente no se da cuenta de lo importante que es mantener una relación viva mientras esté disponible, y así es como comienzan los duelos anticipatorios. Son duelos agónicos donde la gente sufre antes de irse por todo lo que piensa que le va a faltar cuando se vaya, pues no tiene la certeza de poder vivir igual, ni si va a tener apoyo en el sitio de destino. 

Esos cambios de reglas, que con frecuencia no son creados por uno sino por las circunstancias, son una carga que hay que comenzar a procesar con mucha consideración y respeto. Insisto: de ninguna manera los adioses son melodramáticos. Son oportunidades para crecer y valorar y agradecer.

La auto observación y el viaje interior

Es muy importante practicar la observación. La auto observación no es pasiva, no es como entrar en estado de reposo, de hibernación. Por el contrario, es una actividad conciente de la que uno saca conclusiones. Observar sin juzgar es un ejercicio muy interesante. Y no hace falta salir del país para observarse a uno mismo. Es algo necesario y positivo, pues gracias a la observación de uno mismo va cambiando la interpretación de uno mismo y es posible contrastar la identidad previa con la actual. 

La adversidad hace que uno cambia de piel, tal como los reptiles. Es una forma de ganar fuerza y resiliencia. Así que el viaje interior tiene que ver con ganar fortaleza para los tiempos difíciles. 

Siempre aprendiendo

Los que se van, aprenderán de otras oportunidades, serán la punta de lanza. 
Los que están en el país, aprenden por ejemplo a cambiar sus hábitos de consumo, a compartir con sus allegados sus necesidades más que sus penas, y a compartir asuntos de fondo dejando de lado las superficialidades. Creo que el aprendizaje del que migra de un país a otro sin haberse mudado geográficamente es también producto de la observación. 

Es importante quitar banalidad a los momentos previos a una migración, a una mudanza. Son momentos especiales, hay que valorarlos y darles profundidad –eso no significa tragedia. Hay que enriquecer el proceso de separación temporal, porque siempre va a ser temporal, nunca definitivo. 

Hay una máxima en psicología que dice así: todo lo que se resiste persiste. Si no te despediste se mantiene el duelo, si no te observaste se mantienen las fantasías adolescentes de encontrar una red social con la misma facilidad que la que tenías en tu país. 

Pero en la cultura anglosajona o europea no es así, son otras las reglas de juego y tienes que aceptar en vez de resistir y ese aceptar comienza con la observación. Para eso recomiendo llevar un diario, es un recurso excelente incluso para la gente que no se ha ido del país pero que ha sido migrada de realidad política. En ese diario se deben escribir las observaciones acerca de los propios cambios. 

Con papel y lápiz escribir un diario -que no es un cronograma de actividades, no es una agenda- que permita vaciar emociones, buenas y malas. Es un trabajo personal y privado que brindará a la persona muchos beneficios.

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