El extranjero y su adaptación cultural

El primer fenómeno que aparece en un extranjero es sentirse solo, aislado. Esto provoca la puesta en marcha de defensas psicológicas contra la inseguridad para reestablecer el equilibrio afectivo
Por Eusebio Martínez
O. P. Profesor de Psicología y Antropología cultural en el Instituto filosófico de PP. Dominicos, Madrid



Para combatir el sentimiento de inseguridad se observa frecuentemente una actitud de negación agresiva de los valores socio-culturales del nuevo país. Esta actitud se hace sentir más en todos aquellos que pretenden en su viaje demostrar ciertas tesis preestablecidas antes de establecer un contacto objetivo con la nueva cultura. 

Los sujetos con prejuicios parecen impermeables a las relaciones interpersonales; no solamente hacen una selección de estímulos, sino que los exageran. Las tesis preestablecidas se ven en peligro y el sujeto intenta —muy inconscientemente— de mantener su estabilidad afectiva racionalizando y proyectando en las interpretaciones de los estímulos. 

Estamos en una etapa de comparaciones. No somos capaces de observar simplemente. Juzgamos el nuevo medio ambiente comparándolo con el medio ambiente familiar y nacional propios. En estas primeras comparaciones es natural que la nueva cultura aparezca por debajo de la propia: ésta nos sirve de norma, como algo bueno, comprensible, criterio de expansión y libertad. En estos primeros juicios comparativos juegan un papel de primera categoría los polos seguridad-inseguridad. 

La nueva cultura aparece rara, acentuamos instintivamente los aspectos más desfavorables —más inseguros— para nosotros, porque son ellos los que exigen del individuo más renuncias afectivas y los que ocasionan más presiones psíquicas. Si después de una larga estancia en un país extranjero hacemos un estudio estadístico de nuestras relaciones objetivas con nuestro medio ambiente socio-cultural, podremos observar cómo, durante los primeros meses de nuestra estancia, escribimos más cartas a la familia, amigos, etc., hacemos más visitas a posibles amistades relacionadas con nuestras familias, visitamos más centros de exhibiciones culturales de nuestro país. Después de una larga estancia, todas esas relaciones disminuyen objetivamente. 

Observación
En esta etapa de nuestras relaciones con la nueva cultura somos más neutrales. Es decir, consideramos los valores socio-culturales del nuevo país como algo distinto quizá, pero ya no los colocamos en la escala bueno-malo, en la cual nuestros propios valores servían como norma. 

En este período se despierta un interés especial en conocer el nuevo país de modo distinto a como lo hace un turista ordinario; queremos sumergirnos más en el alma del pueblo y observar sus matices nacionales y regionales. El criterio de juicio en las nuevas actitudes es el propio sujeto con sus necesidades y sus aspiraciones. 

La cultura de su nación aparece ahora con nuevas dimensiones, enriquecida. Nuevos puntos de vista adquiridos le sirven para criticar algunos valores y actitudes nacionales. Se amplía enormemente la vivencia de la relatividad cultural y algunos valores que anteriormente eran considerados naturales son juzgados ahora como culturales. 

Los síntomas de inseguridad que aparecían en un principio desaparecen y paulatinamente el problema de las nuevas relaciones socio-culturales se convierte en un problema personal; ya no se echa la culpa a nadie. El sujeto centra su juicio personal en una cultura y en otra, acepta el valor relativo de ambas, sin apelar a universalismos y generalizaciones confusas. 

Entonces aparece un respeto profundo por los nuevos valores, justifica actitudes antes incomprendidas y convive fácilmente en las nuevas situaciones. En este período, muchos intentan identificarse conscientemente con las apariencias de la nula nueva cultura, consideradas como simpáticas.

Fuente: http://www.mecd.gob.es/dctm/revista-de-educacion/1965175/1965re175estudios02.pdf?documentId=0901e72b8194e58f

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