La migración y el mito de Prometeo


Por Harry Czechowicz

Los viejos mitos no son solo historias, sino la sabiduría acumulada de los antiguos, de las generaciones que nos antecedieron desde hace muchos siglos. Encierran una enseñanza que hay que entenderla, a veces, buscando en la metáfora una aplicación que nos sirva en la actualidad. Muchos mitos encierran promesas, poderes, amenazas, gloria y derrotas. La mitología griega es particularmente rica en dar ejemplos, así,  escogí la historia de Prometeo como ejemplo útil en explicar el fenómeno de la esperanza ciega que tenemos los seres humanos y en particular los emigrantes.



Todo arte humano fue impartido por Prometeo
El gran gigante, Prometeo, observó que los hombres vivían como animales, como hormigas en cavernas subterráneas, trabajando desordenadamente sin sentido, ni saber siquiera qué tiempo hacía. Decidió enseñarles a observar las estaciones por la salida y disposición de las estrellas; inventó los números y letras e ideó agruparlas a fin de registrar el pasado y los acontecimientos. Puso a bueyes y caballos bajo su control, les enseñó acerca de las propiedades medicinales de las hierbas y cómo distinguirlas según su utilidad o no, a interpretar sueños, trabajar el cobre y el hierro, a temer a los Dioses y ofrecerles sacrificios. Todo arte humano fue impartido por Prometeo. Pero, ante todo, les dio el don dioses, el fuego y su luz, y eso convirtió a los hombres en dioses, les proporcionó comodidad y protección y les permitió ver más allá de la desesperación del momento. Al igual que muchas personas o grupos políticos que suelen buscar la destrucción de otros con cualidades que los superan, Zeus castigó a Prometeo por desafiar  su posición, por su amor a la cultura y a la civilización, por su dedicación a la humanidad. 
Su castigo fue terrible: consistió en atarlo a una roca en lo alto de un monte, donde el sol lo abrasaba y el frío nocturno lo congelaba. Cada día, un águila le roía el hígado, que por la noche se renovaba para así reanudar la tortura al día siguiente.

El regalo de Prometeo
El fuego que regaló Prometeo fue mucho más que eso. Fue el símbolo de un regalo mucho mayor hecho al hombre: la incapacidad de prever la muerte. La capacidad de morir en cualquier momento flota sobre la cabeza de todos los humanos, ya sea por accidentes, enfermedades, violencia y otras circunstancias. Pero lo terrible no es la posibilidad de morir en cualquier momento, sino la certeza de que envejecerás y morirás en un tiempo futuro. ¡Sabes que vas a morir! ¿Cómo asimilar esa información?
Parte del regalo que estaba en esa luz era la esperanza ciega en el futuro, la capacidad para ver más allá de la muerte inminente. Sin esa ignorancia sobre la muerte, la humanidad viviría siempre aterrorizada. Es la muerte lo que determina la existencia de la vida, como el sufrimiento determina la dicha y la serenidad, la enfermedad determina la salud, física y mental. Pero ante todo es nuestra capacidad para desdeñar cierto terror lo que nos permite tomar consciencia de la felicidad potencial.
Esa capacidad para olvidar es la esperanza ciega.

¿Usted tiene una esperanza ciega?
Ahora vuelva a leer esta historia de la mitología griega desde la perspectiva del ciudadano de un país o de un emigrante. ¿Quién/es le prometen cosas que no cumplen? ¿Quiénes le guían y enseñan los caminos a través de ese laberinto confuso cuando más le hace falta? ¿Usted tiene una esperanza ciega, a prueba de toda adversidad? ¿Cree que el aislamiento social, falta de identidad y actividad se transforman en una experiencia de enfermedad y derrota en el tiempo y una parte importante de su ser dejará de existir? 
Prometeo enseñó, entrenó, facultó, hizo realidad la entrega de herramientas y conocimientos para vencer la incertidumbre y el miedo. Se dice que un día de incertidumbre continua agota más que un mes de trabajo. 
¿Quiénes fueron sus Prometeos reales, que le ayudaron a ser quién es y quienes fueron los falsos? Los hay de los dos tipos en su país y donde vaya. Lo importante es si usted puede tomarse lo suficientemente en serio como para asumir su propio aprendizaje, prender su propio fuego interno y, si no, pedir ayuda para encontrar las destrezas y herramientas necesarias con tal nivel de práctica, que pueda adquirir sobre esa plataforma una esperanza ciega, basada en tener los sentidos abiertos a lo que hay que aprender de cada situación. 
Se dice que “cuando el estudiante está listo, el/los maestros aparecen” ¿Es usted un buen estudiante, preparado para reconocer las enseñanzas que le rodean pero que no reconoce aún? ¿En su país o en otro? Todas son preguntas para ser pensadas en forma individual, sin pena ni sentimientos de inferioridad. Aprenda de las historias de otros y olvídese de los mitos que le tratan de obligar a creer, tanto los que lo han defraudado en su país como los que le ofrecen la creencia de que todo irá bien por el solo hecho de emigrar.

Aprenda a encender y mantener su propio fuego y luz. Hoy, mañana o después. Pero esta es su realidad y responsabilidad. Usted es el protagonista de su vida. Zeus o Prometeo son figuras de poder que están en cada quién, cuando así lo deciden.

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