Inmigrantes: 6 consejos para afrontar el dolor y las dificultades del desarraigo

Dejar el país de origen y emigrar necesita un proceso de adaptación: hay que estar atentos a las "señales" de malestar del propio cuerpo
Por Ana Sofía Ibarra Castro. Aleteia


Las migraciones son tan antiguas como la humanidad. Sin embargo, desde hace algunos años las nuevas tecnologías han cambiado el modo de vivir y la experiencia de la migración, permitiendo un tipo de comunicación antes impensable. A pesar de esta gran diferencia, el proceso de migrar supone igualmente un desgarro e implica una transformación de nuestra identidad.

Si observamos lo que le pasa a una plantita cuando la trasplantamos a un ambiente distinto, podemos imaginar lo que le sucede a una persona cuando tiene que “cortar raíces” y después volverlas a echar en un lugar distinto del que ha crecido.

El éxito de este cambio depende de muchos factores como la salud de la persona y del entorno que le rodeaba, el cómo se trasplanta y por supuesto, las condiciones que encuentra en el nuevo ambiente.
Antes de viajar para mudarnos a otro país, solemos imaginar cómo será la nueva vida. Algunas personas consiguen elaborar un proyecto migratorio muy claro, con un objetivo y etapas a seguir, preparándose para el cambio y planeando detalladamente qué harán una vez llegados al lugar.

Otras sueñan despiertas con la nueva vida, dándole rienda suelta a la imaginación y a veces limitándose a una información en ocasiones no muy precisa sobre cómo funcionan las cosas en el nuevo país.

Con mayor o menor planificación, suele suceder que lo que imaginamos resulte muy distinto a la realidad que vivimos cuando llegamos a la nueva tierra.

Cuando dejamos nuestro país, no solo dejamos un lugar geográfico, sino también un modo de entender y hacer las cosas que estructuró y orientó nuestra vida hasta el momento de nuestra partida.

Cambiamos de cultura y empezamos un largo camino de reajuste entre lo que sabemos y damos por sentado y un modo distinto de hacer las cosas que predomina en el nuevo lugar.

Al inicio se suele vivir el famoso “choque cultural”: experimentamos la pérdida de lo familiar, de nuestros puntos de referencia, entrando a un mundo desconocido, ajeno. Todo resulta distinto: el paisaje, los olores, los sabores, los sonidos, las personas, las costumbres. Constatamos que el modo de comunicar y relacionarse es diferente.

Una situación que en nuestro país vivíamos como normal puede convertirse en toda una odisea y frecuentemente se dan malos entendidos con los modos de decir o simplemente con un gesto que se usa de manera distinta.

En esta primera etapa podemos sentirnos confundidos, desorientados y frustrados, en especial cuando tenemos dificultades para dominar el nuevo idioma, o cuando el modo de comportarse de los demás nos resulta demasiado diferente al habitual.

Algunos indicadores que pueden señalarnos que estamos viviendo un choque cultural son: los desórdenes del sueño y/o la alimentación, enfermedades físicas, miedo generalizado (o fobias específicas), aislamiento, irritabilidad, exceso de emocionalidad o dificultad para expresar los sentimientos, hostilidad e incluso síntomas que en nuestro país de origen son relacionados con la locura. Estos indicadores generalmente son transitorios y funcionan como una especie de señal que nos avisa que estamos haciendo un esfuerzo muy grande para adaptarnos.

Así como cada plantita reacciona de manera distinta a un cambio de ambiente, cada persona vive la experiencia de la migración de modo único e irrepetible. Lo que le funciona a una para lograr echar raíz en la nueva tierra, puede ser contraproducente para otra. Pero a pesar de que cada historia sea única e irrepetible, hay algunas indicaciones generales que podemos seguir para facilitar o hacer más llevadero el proceso de “trasplantar raíces”.

1. Antes de viajar, dedicar un tiempo para explicitar lo que nos esperamos: ¿Cuál es el objetivo que estoy persiguiendo? ¿Cómo imagino el viaje y los primeros días en el nuevo lugar? ¿Qué dificultades podría encontrar? ¿Qué me hace ilusión? ¿Qué se esperan mi familia y mis amigos, las personas más importantes para mí? Si logramos ponerlo por escrito o registrarlo con un video o una grabación de voz, en otro momento puede sernos muy útil.

2. Una vez llegados al nuevo país, dado que adaptarse a una nueva cultura implica una sobrecarga y un esfuerzo extra, es muy importante cuidarnos y atender nuestras necesidades básicas como el comer y dormir bien, además de estar atentos a las señales que nos manda nuestro cuerpo. Hay que darle tiempo para que logre aclimatarse a un ambiente distinto, sobre todo si encontramos un clima y unas condiciones geográficas muy diferentes al nuestro.

3. De igual forma, hay que darle tiempo a nuestro corazón y a nuestro espíritu para que pueda despedirse de lo que dejó y al mismo tiempo aclimatarse a la nueva realidad. Hemos dicho que las sensaciones iniciales de desorientación, tristeza, miedo o enojo son completamente normales y a medida que nos vayamos adaptando al nuevo ambiente se irán modificando.

4. Sin embargo, si alguno de los indicadores del “choque cultural” resultara una interferencia importante en nuestra vida cotidiana o persistiera durante mucho tiempo, es muy importante buscar ayuda profesional. La migración suele ponernos a dura prueba y transformarnos, por lo que resulta necesario darse un tiempo para elaborar y “digerir” esta experiencia, estableciendo las diferencias entre el antes y el después y colocando las cosas en una perspectiva más amplia.

5. Por otra parte, un aspecto que suele facilitar la adaptación es el cultivar nuevas amistades y poco a poco ir construyendo una red social en el país de acogida. Puede ser útil investigar si hay asociaciones o puntos de encuentro de compatriotas o centros interculturales: el intercambiar y compartir experiencias con los demás puede convertirse en un recurso precioso.

6. Asimismo, suele ser útil informarse sobre los recursos que ofrece el nuevo país y ponerse en contacto con las instituciones y organizaciones que puedan ayudarnos a satisfacer nuestras necesidades en los diferentes ámbitos de nuestra vida: laboral, social, familiar, personal, espiritual, etc.

Para concluir, es muy importante establecer un tiempo para hacer un balance de cómo nos está yendo con esta experiencia y hacer cuentas con la desilusión, que es natural y humana, pero que puede volverse un problema si fingimos que no existe, convertiéndose en rabia y frustración. Podemos preguntarnos: ¿Qué cosas han sido distintas a lo que me esperaba? ¿Estoy alcanzando mis objetivos? ¿Necesito replantearlos? ¿Cómo está mi plantita?

Fuente: https://es.aleteia.org/2017/04/11/inmigrantes-6-consejos-para-afrontar-el-dolor-y-las-dificultades-del-desarraigo/

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